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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lágrimas de asombro al cuadrado



Fue tan inesperado, que me ha costado horas acomodarlo en la cabeza para compartirlo aquí, contigo. Hace unos días, durante la junta escolar mensual en la escuela de mi hija mayor - en 4o. de primaria-, nos presentaron el material didáctico que utilizan para enseñarles a los niños a comprender de forma muy concreta lo que significa un binomio al cuadrado perfecto. En el sistema Montessori, las matemáticas son algo fundamental, que le da estructura al resto. De manera que el material que usan suele ser verdaderamente asombroso.

En algún momento de la vida "aprendí" que la fórmula de esta singular operación llamada binomio al cuadrado perfecto, era a2+2(ab)+b2. Lo aprendí de memoria, no sin antes preguntar por qué era esa la fórmula, cómo habían llegado a ella, y qué significaba. Por supuesto no obtuve respuestas. Pero no importó. Como me la aprendí de memoria, obtuve palomita en la respuesta y pude dar carpetazo para siempre al algebra en mi vida.

Y ahora llego, a mis 40 bien cumplidos, incauta y muy sonriente a enfrentarme de nuevo a este binomio. En esta ocasión, en el salón de mi hija y frente a todas las mamás de sus compañeritos. Y me lo ponen sobre las manos, con todo su peso y su color... con todo su significado, su forma, su sentido. Sí, frente a mi, a partir de una cuentita de color amarillo, vi cómo se fue conformando primero un cuadrado de 6 cuentitas por lado, luego un cubo de seis cuadrados, y frente a mis ojos cada vez más grandes de azoro, un hermoso y perfecto binomio al cuadrado perfecto, de madera tricolor, hecho de piezas macizas y pesadas... una belleza indescriptible. No pude contener las lágrimas (desde el cubo en adelante), y no sé explicar a ciencia cierta el por qué de mi llanto: un poco de asombro, un poco de angustia, un poco de añoranza por todas las cosas que no he comprendido a lo largo de la vida, otro poco de dolor por aquello de lo no aprendido para lo que ya no tendré oportunidad de reaprender, y un poco de alegría ante la maravilla de comprender, de ver materializarse frente a mi lo inasible, y entender... entender...

Nunca pensé que algún día lloraría por la belleza de las matemáticas. Créeme, nunca lo hubiera imaginado, y así fue. ¿Cuántas sorpresas más me tendrá reservada la vida?