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viernes, 4 de junio de 2010

El camino de la bondad y la belleza


Como siempre desde que la conozco, Elena de Hoyos logra sorprenderme, conmoverme e inspirarme con su forma de pararse en el mundo, tan llena de amor y compasión, de compromiso y de idealismo, y su capacidad de aterrizar lo que para muchos de nosotros son sólo sueños.

Esta tarde, tuve el privilegio de acompañarla en una sesión de un taller que imparte a empleados de la Procuraduría de Justicia del Estado, para crear una "Cultura del Buen Trato", desde la perspectiva de género, de derechos humanos y de la visión poética del mundo. Una belleza.

Su meta, según nos compartió, es "encontrar la bondad y la belleza" en cuanto se le presenta en la vida, en el mundo. Con ello, llena su corazón -y el mío- de esperanza y de inspiración. Fui testigo del reconocimiento de sus talleristas, ante lo que consideraban una experiencia totalmente distinta de lo que antes habían recibido como capacitación; para muchos de ellos resultó un ejercicio edificante y revelador. Fue un enorme gusto verla entregada, con la pasión y dulzura que la caracterizan, a este proyecto tan necesario e importante, como es generar un compromiso que transforme el servicio de nuestros servidores públicos, y la percepción que de ellos tenemos.

Y fue un día completo de taller. Esta mañana, tras un difícil taller de poesía y pintura para adolescentes que impartí con mi amigo el pintor Arturo Gaytán la semana pasada, tuve la oportunidad de recapitular los resultados... Fueron mejores de lo que yo misma pensaba. Textos llenos de inocencia y sensibilidad, de hermosas imágenes y metáforas originales, de trabajos pictóricos llenos de color y entusiasmo. Y de un bonchecito de escritos de los talleristas para sus instructores, plenos de gratitud y afecto.

Después de la gran frustración que sentí ayer, con el desencantado cierre del taller y la generalizada actitud apática del grupo, recibir la retroalimentación tan entusiasta y afectuosa hasta por parte de los más difíciles, fue muy conmovedor. Y después de la experiencia de la tarde con Elena de Hoyos, me quedo pensando.... ¿En dónde encuentro la bondad y la belleza de mi experiencia del taller de poesía?

Encuentro algunas cosas. Por un lado, el área de oportunidad ante mis ojos: aprender a manejar grupos para el trabajo en talleres. Por otro lado, la maravilla que es el arte y la belleza en el lenguaje. Pese al grupo y a los instructores, la poesía toca el corazón, despierta la creatividad y espavila los sentimientos. Durante las últimas dos semanas, sembramos semillas de poesía y de pintura que dejaron una huella visible en los jóvenes talleristas. Hoy, no tienen escapatoria. Ya la poesía tocó su vida, florecerá, eso es seguro. Y echarán mano de ella cuando menos se lo esperen. No hay nadie que domine la poesía, es Ella quien, de pronto, te habita sin permiso y te invade la vida. Entonces, logras verlas: la bondad y la belleza, se vuelven parte de tu vida.

*Elena de Hoyos, feminista y poeta, es la editora de la Revista Específica, una publicación cultural dirigida a poblaciones vulnerables, interesantísima.

domingo, 23 de mayo de 2010

Existir y compartir



"La palabra genera mundo", escuché decir este sábado a mi amigo Miguel Angel. Y me dejó girando, girando, girando la mente hasta marearme. La charla hasta la madrugada de la pijamada entre amigas entrañables del viernes, la risa cómplice con mis amigas mientras tratábamos de tomar notas como niñas aplicadas en el Coloquio, los taquitos de guacamole con chapulines, acompañados de un Alipús San Juan y el son cubano del sábado, y el exquisito concierto de Susana Harp el domingo, terminaron de hacer de éste, un fin de semana memorable.

Qué deleite es la amistad, el compartir lo cotidiano y lo extraordinario, el gozo de vivir, de saborear, de moverse al ritmo de la música para luego, recordar. Qué deleite es compartir un día de esto y lo otro por puritito gusto. Qué deleite es reirse en sintonía, con la alegría vuelta canto a capela, con las memorias y los sueños a manera de elegantes accesorios para los jeans de fin de semana en nuestra gran ciudad.

Y como aprendí que la palabra genera mundo, aquí lo expreso, con unas cuantas letras declarando y afirmando, con unas cuantas frases para dejarlo plasmado en el tiempo que queda atrapado en estas páginas virtuales: ¡gracias, amigos por existir y acompañar mi existencia!

miércoles, 28 de abril de 2010

Me gusta la noche


Me encanta la noche. Disfruto su silencio, su quietud, sus grillos. Cuando es noche estrellada me embelesa la negrura de su manto. Cuando, como hoy, la luna llena y su presencia ineludible nos abraza, no puedo resistirlo: salgo al jardín -o al menos me asomo a la ventana-, para bañarme de argentino placer hecho luz fría.

Esta noche mi jardín extravió su obscuridad. Ella se la robó y lo dejó iluminado, blanquecino, casi brillante. ¡Puedo ver la vida nocturna allá afuera!, y de nuevo atestiguo el vuelo de las hadas misteriosas lamiendo miel y polen de la flor como de vino.

Me gusta la noche. Para escribir, para pensar, para compartir y para amar.

jueves, 15 de abril de 2010

Para Chile y todos los otros pueblos en esta racha de sismos


Aquí les comparto un texto que me pidió Cynthia Gaethe para un programa radial, con el objetivo de reunir mensajes de aliento para su pueblo, que aún sigue reconstruyendo su espacio tras el terremoto el mes pasado.

Sirva también como palabras de aliento para los otros países que han sufrido sismos importantes desde entonces para acá... incluído el que se anunció hoy en las noticias, que tuvo lugar en China y el Tibet.

Mis plegarias para quienes perdieron la vida, para quienes sobrevivieron y se enfrentan a la nueva realidad... Om mani padme hum.


Para Chile

El cambio es parte fundamental de la existencia, lo sabemos. Se transforma el mundo –todo lo que nos rodea- a cada instante. Nos transformamos nosotros, desde el primer segundo en que tenemos vida, sin parar, hasta su término. Se transforma la realidad, la percepción, el día hasta volverse noche, la noche hasta volverse día.

La transformación es, también, pérdida. Perdemos lo que era, para dar paso a lo que es. Luego, perderemos lo que es, para dar paso a lo que será. Y así, hasta el infinito. Y sin embargo, nos cuesta mucho enfrentaros a esa condición tan cotidiana que es parte de nosotros. En especial, cuando la pérdida es inesperada, como en el caso de las tragedias naturales que transforman el paisaje destruyendo lo que, ilusoriamente, pensábamos inamovible, permanente, o al menos de largo plazo.

Un ejemplo claro son los terremotos, como el que azotó recientemente al hermoso sur de Chile, y los que siguen golpeando distintos lugares en nuestro lastimado planeta. La pérdida de vidas humanas, tan irreparable, nos dificulta enormemente reconciliarnos con los acontecimientos como lo que son, parte de un proceso natural y perenne de existir. Y sin embargo, es necesario recordarlo. Porque ante la pérdida irreparable de un ser amado –e incluso ante la pérdida de una mera pertenencia material--, lo único que sana es la aceptación, el soltar, el recordar que todo cambia y se transforma momento a momento, irrevocablemente.

Y con ello, viene una buena noticia. Esta situación, la que tenemos hoy, tras las pérdidas y los cambios casi inconcebibles con que nos sorprende la vida, ¡también cambiará, también se transformará! Esto, no es sólo posible, sino seguro. Como dice la sabiduría popular, el tiempo todo lo sana. Pero no sólo el tiempo que es un fenómeno independiente de nosotros, también existen herramientas que podemos utilizar a nuestro antojo: la voluntad y determinación son dos de ellas.

Hoy te hago esta invitación: echa mano de todas las herramientas a tu alcance para transfomar el mundo. Sea que tu pérdida haya sido grande o pequeña, éste es un momento lleno de oportunidades para ti. Las crisis nos presentan dos alternativas: el colapso o el crecimiento. Chile no colapsará, Chile crecerá. Y tú, eres parte de esa transformación.

Es hora de sacudirse los lamentos; es hora de mirar lo que quedó, lo que sí somos y tenemos, y empezar a caminar. Tu país te necesita, tu gente te necesita. Y tú puedes hacer la diferencia.

¡Animos, Chile! Esto también pasará. Y cuando pase, tú serás más grande, y los tuyos más felices.

Desde México, toda mi solidaridad y cariño.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Somos hadas


Erika y Rebeca se sumergen en los pasos, los ritmos y los tiempos. Su fuerza cuando bailan sólo es equivalente a su femineidad irrefutable. Planean un ensamble de danza, música y poesía. Crean en el aire una construcción sensorial que, dentro de poco, será la perfección y la belleza expresada en sus siluetas en armonía y en trance.

Lilyán juega con las palabras, las amasa, las teje con los dedos hechos aguja de un estambre intangible de emociones. A lo lejos oye los murmullos, a veces voltea a verlas, escucha su debate sobre danza, movimiento y elementos esenciales.

Beatriz irrumpe, con su cándida sonrisa, y deja discreta una jarra de agua fresca sobre el escritorio. Trae el globo terráqueo que habíamos dejado olvidado en el comedor. ¡Ahí viene mi mundo!, exclamo. Ella se ríe y nos dice, ¿Por qué me dicen así? Todas reímos, desde el fondo del alma.

Somos el mundo, ella lo es. Nosotras lo somos.

Somos hadas. Cada una con alas y sueños propios. Cada una entiende en la mirada de la otra sus anhelos. Desde nuestros propios riscos y playas con oleaje enfurecido, desde nuestros propios estanques de paz y de esencias diluidas por el tiempo, nos reconocemos. Somos hadas, hermanadas por millones de hilos casi imperceptibles de caminos andados a lo largo de la historia. Somos hadas, de alas transparentes, caminando juntas para descubrir qué son y cómo se usan, para descubrir, cualquiera de estos días, que son para volar, y compartir el asombroso evento con las otras.

El mundo femenino es profundo y cautivante. Es un deleite ser mujer y disfrutarlo.

Cómo puedo no agradecerles, mujeres que habitan mi existencia, su compañía en este camino de misterios y aventura.

Gracias, amigas, todas, por estar en mi vida.


martes, 16 de marzo de 2010

De los otros silencios 2




Esta mañana me sorpendió el cañaveral de siempre con un paisaje nuevo: un rojo intenso se entremezclaba entre las cañas con un crepitar inquietante inundándome el silencio. Era la zafra. 

Hombres jóvenes y viejos, machete en mano, rodeaban la extensión que se quemaba con furia en ese paisaje por lo general tan quieto. Estaban tan cerca del fuego que seguro no sentían el viento frío que sopla proveniente de los volcanes, desde ayer. El hermoso espectáculo era todo color en movimiento,  contrastes de texturas, danza de vida y de muerte, amenazante, airoso. Ese color de sol hipnotiza con su danza de aromas ancestrales. Se notaba en la mirada perdida de los cañeros que esperaban, pacientes, a que el fuego les hiciera espacio para seguir usando el machete. Se notaba en la gente que pasaba al lado del camino fascinada con el cuadro casi inmovil del paisaje cotidiano envuelto en bullicio de llamas. Se notaba en el silencio repentino conquistado por ese crujir casi alegre de la caña volviéndose humo negro. 

De pronto se fue todo: los gritos de los niños, el trinar de los pájaros huyendo, el ruido del motor de mi automóvil y el de mi mente en perenne algarabía... Se fue todo, y quedó ese silencio rojo derramándose a kilómetros como un río de hojas de otoño caminando sobre sí mismas, hasta volverse polvo. 

Y luego, cuando el fuego se extinguió, vino el otro silencio... un silencio de hermosa negrura cayendo como llovizna de plumaje de ébano en espiral.

Me gustan los ruidos que parecen silencio, como el del mar, del viento o del fuego... Y de toda esta imágen tan hermosa que atestigüé esta mañana, me duele saber que está en peligro de extinción. Nuestro país, en otros tiempos exportador de azúcar, hoy la importa. Los ingenios en el estado de Morelos, ya son en su mayoría monumentos históricos; el oficio de cañero desaparecerá pronto. Quienes vemos como parte de nuestra rutina cotidiana las hermosas imágenes del cañaveral y todo el proceso azucarero, somos muy, muy afortunados. Estamos viendo escenas que pronto serán sólo recuerdos... Conoce el proceso en las preciosas imágenes del blog de donde viene la foto que acompaña esta reflexión.

Aquí te comparto un poema que hice la última vez que vi ceniza lloviendo por aquí, cuando también quemaron caña en diciembre del año pasado, publicado en mi blog de Soy Poesia.

Ceniza y azúcarLilyán, diciembre 2009


Hoy cayó ceniza en mi jardín
como pétalos de luto
como cuervos deshojados
como lágrimas ya secas
como sueños olvidados
como azúcar que se quema
y guarda bajo su noche
la dulzura de la muerte
de esperar sin esperanza


viernes, 12 de marzo de 2010

Una flor como de vino


 ¿Hace cuánto que no comes una fruta recién cortada del árbol? Colorida, brillante, aromática, hermosa. En nuestros tiempos eso puede ser todo un privilegio. Hay entes urbanos que podríamos pasar una vida entera sin ver de dónde viene una papapaya, un plátano, una manzana. Así era yo. Y la primera vez que tomé un enorme y jugoso durazno de un árbol de en una huerta allá en Japón, lloré de la emoción.

Esta mañana, mi jardín me sorprendió con algo que no había visto nunca antes de vivir en este paraíso: una flor de plátano. ¡Qué belleza  de color borgoña! Es una flor gigante, que aguarda pacientemente colgada boca abajo mientras van creciéndole los frutos en su tallo. Y ahí está, colgada en gigantesco capullo esperando con paciencia. Su forma como de gota gigante de vino a punto de derramarse sobre el pasto, se abre de pronto. Extiende unos pétalos más grandes que una mano adulta, y forma una corola concéntrica que hipnotiza a las abejas. Su belleza es, de verdad, increíble y tan inesperada. 

Tengo tres árboles de plátano ostentando, distraídos, su flor y su penca. Y no atino a dejar de admirarlos... ¡parezco abeja! Cada vez que las miro se me hace un nudo de gratitud en la garganta. Con tanta belleza en el mundo, me siento bendecida por mis ojos que ven, por tenerla a la mano para admirarla, y porque afortunadamente no me pasa inadvertida. 
   

martes, 9 de marzo de 2010

51 aniversario del Exilio del Dalai Lama



El día de hoy les invito a hacer una plegaria por la autonomía del Tibet y por el respeto de la libertad y los derechos humanos fundamentales del pueblo tibetano. Hago así mismo una plegaria por el Dalai Lama y su larga vida.

 "10 de marzo de 2010: se cumple el 51 Aniversario del Levantamiento Nacional Tibetano ocurrido el 10 de Marzo de 1959, en éste día ocurrió la protesta más grande en la historia de Tibet y en éste día hace 51 años el Dalai Lama huyé del Tibet para vivir en el Exilio.

Son 51 años desde que los Tibetanos perdieron su libertad y su país, la hambruna, la tortura y la opresión causados por la invasión China en Tibet, jamás se habían visto antes de la invasión. Desde entonces los Tibetanos viven como una minoría en su propio país, en Dalai Lama vive luchando por llegar a un acuerdo con el gobierno chino y por tratar de hacer que el partido comunista acepte su acuerdo del "Camino Medio" en el cual no se pide la independencia del Tibet sino su autonomía, estado bajo el cual la libertad y los derechos humanos de los Tibetanos deberán de ser respetados. El gobierno chino se niega a negociar llamando al Dalai Lama "un lobo con ropas de monje" y un separatista."*

 Este no es un asunto menor, ni que le incumba sólo a aquellos de nosotros con algún tipo de vínculo con el pueblo Tibetano y su líder espiritual y político. Esto es algo que nos incumbe a todos. Que en estos tiempos exista una nación que aún restrinja los derechos humanos fundamentales de su pueblo, es inadmisible. Que China prohiba a los tibetanos la libertad de culto, la libertad de asociación y que los haga prisioneros políticos y de conciencia, es inadmisible. Quienes tenemos la fortuna de vivir en un país que respeta estas libertades, solemos darlas por sentadas. Pero mientras haya en el mundo un sólo preso de conciencia, ninguno de nosotros es libre de verdad. 

Nuestro mundo merece más humanismo, más libertad, más compasión, más pretextos para la paz y menos para el odio y las ideologías que socaban la dignidad humana. Unamos nuestras voces para expresar esta visión, este anhelo tan necesario.

Si tienes oportunidad, apóyanos difundiendo esta información.


*Fuente: Casa Tibet México (www.casatibet.org.mx)

domingo, 21 de febrero de 2010

Como el Tigre


Mis hijos juegan en el jardín. Son exploradores con su jeep y su linterna de luz infraroja. Visitaron Africa hace cinco minutos, vieron tigres y macacos, montaron un elefante y me trajeron una sonaja sospechosamente parecida a la sonaja de plata de su infancia cercana. Ahora van en altamar, con rumbo desconocido. Su jeep se convirtió en barco con sólo apretar un botón...  crean su realidad en un parpadeo, sin más nada que su fantasía y su deseo. 

Así no es la vida, sólo lo es la infancia. O no... quizás también así es la vida y no nos hemos dado cuenta.

Experimentemos: hoy quiero para mi paz mental y paz de corazón. Quiero seguir siendo congruente, quiero estar alineada en mis pensamientos, palabras y acciones. Confío en que eso alineará también mis sentimientos. Quiero por lo tanto, como el tigre, dar cada paso con cautela y conciencia presente, observando, observándome, a sabiendas que cada paso y decisión van marcando los caminos de todos los mañanas.

Deseo su fuerza, su gracia, su equilibrio, su capacidad de estar atento y perceptivo. Gracias, Nicole, por la fuerza que me envías desde tu corazón para seguir andando la vida en este año del tigre.

miércoles, 6 de enero de 2010

Cambiando



A veces siento como si lo que estoy viviendo fuera un sueño, un juego, algo pasajero, temporal. Como si fuera cuestión de aguantar un rato para que después, una mañana cualquiera, abra los ojos y las cosas vuelvan a ser como antes. ¿Como antes?, ¿Y cómo eran antes?

A decir verdad no es la primera vez que siento esto. Lo sentí también cuando tuve mi primer novio, cuando entré a la universidad, cuando me embaracé de mi primera hija, cuando murió mi mamá, cuando mi matrimonio comenzó a derrumbarse, cuando me comprometí con todo mi empeño con mi vocación de escribir, cuando me fui de la Ciudad de México... y otra vez lo siento ahora que comienzo mi vida como mamá sola oficialmente. A veces la sensación de estar viviendo algo frágil y frugal es aterradora -como cuando las cosas van tan bien que me cuesta trabajo pensar que son reales-, otras veces la sensación es de alivio, de esperanza, como ahora en que sentir que la realidad que vivo es inestable me recuerda que todo esto también pasará.

Pasará el dolor, pasará la rara sensación de estar fuera de lugar, pasará el no saber cómo ni por dónde, pasará la sensación de vulnerabilidad y de fragilidad, pasará el duelo de soltar, pasará... como pasa todo. Porque, como decía Mercedes Sosa...

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño...

Así que, supongo que después de todo, ésta no es una mera sensación, sino la realidad que vivo. Esto también pasará... y lo que sigue, y lo que sigue también. Mientras tanto, sigamos viviendo, que para eso se inventó el gerundio.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La vida es una ola



Esta mañana ¡surfeamos! Sí, así como lo lees, jugamos con las olas en el mar, hasta el cansancio. Saltamos con ellas, las toreamos, nos zambullimos, y hasta las montamos sobre una tabla de fibra póxica color azul... "muuuy cool", dice mi hija.

Esta fue su tercera clase. Desde la primera logró ponerse de pie sobre la tabla de surfing, y avanzar hacia la orilla. Hoy se veía mucho más segura parada ahí arriba, deslizándose sobre la superficie del agua como si nada. Es una delicia.

Y, claro, ¡no pude quedarme con las ganas! Hoy fue mi primera clase de surfing. No logré ponerme de pie más de dos segundos, pero ya domino perfectamente todas las posibles formas de caerme de una tabla (!). Hay habilidades originales... ¿verdad? Lo que sí fue delicioso fue aprovechar la fuerza y velocidad de la ola para salir hasta la orilla abrazada a la tabla, o hincada sobre ella disfrutando del viento en mi cabello.... ¡Seguiré intentándolo! Pararme sobre una tabla y avanzar con las olas del mar nunca fue mi sueño. Pero hoy, que lo intenté, me volví fan del surfing... y seguiré persiguiendo las olas, ahora desde su cresta. ¡Qué maravilla! La vida nos ofrece tantísimas posibilidades...

Y justo eso pensaba... ya saben, en vez de relajarme, dejo que mi mente siga dando vueltas y encontrando analogías por todos lados. Mientras me revolcaba una ola y calculaba hacia dónde moverme para que no me fuera a caer la tabla encima, se me ocurrió que las olas eran como las crisis en la vida. Cuando la cosa se pone dura, tenemos dos opciones: dejarnos revolcar por la ola y tratar de salir lo menos ileso posible, o aprender a ponernos en pie sobre la tabla y tratar de salir lo menos ileso posible. Me gusta la idea de aprovechar la fuerza, la furia, el estruendoso impulso de la ola y salir con ella a la orilla con mucha más facilidad de lo que lo hubiéramos hecho a nado libre... Es decir, las olas pueden ser amenazantes, pero tienen el potencial de sacarnos de la tormenta salada si sabemos aprovecharlas... tal como las crisis en la vida.

Eso prefiero, eso quiero, aprender a surfear en la vida, aprender a crecer -no sólo a pesar de sus crisis, sino gracias a ellas también.

¡Qué viva el surfing, el viento que te impulsa, las olas con su belleza amenazante, y la posibilidad de aprovecharlas para salir del mar embravecido! E incluso, ¡gozarlo intensamente!

Si nos encontramos en estos días por alguna playa, no dudes en llamarme "surfeadora". Y si nos encontramos lejísimos del mar, tampoco tengas dudas: aún lejos del agua seguiré surfeando, cada día.....

martes, 29 de diciembre de 2009

Hope. Just for a change!


Ilustración de Trish Weill

Lista para recibir un año diferente: con esperanza (for a change!).

Algo bueno de la soledad, es que la esperanza tiene mayor fundamento. Lo que espero no depende de la voluntad ajena de un "otro", sino de mi misma.

Espero un año mejor, más libre de ataduras y lastres del pasado, en el que yo me ame más de lo que me he amado últimamente, más cercano a mis hijos, más activo física y espiritualmente, espero poner mi energía en mis proyectos -en lugar de en esperar nada de nadie-, espero seguir en paz conmigo misma, disfrutando de mi propia compañía...

Para ti, ¡también deseo un año lleno de ti mismo/a!

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Y sin embargo... se mueve: otra perspectiva de las burbujas

Y ya que estaba yo tan hecha a la idea de que las burbujas y los sueños se te rompen en las manos, que me encuentro con una burbuja que, no sólo no se me rompió en las manos, sino que me contuvo, me protegió, me dio una visión distinta de las cosas, me invitó a divertirme y a estar a solas conmigo, en paz.

Todo eso sucedió en una aventura inesperada que viví con Sabina la noche de ayer que se nos atravesó la oportunidad de hacer algo diferente. Sentadas en unas escaleras que daban a un "canal", con las manos cubriendo los oídos, esperamos pacientes a que el encargado de las burbujas terminara de inflar las nuestras con una aspiradora industrial. Conforme se iba inflando, me sentí aislada del mundo. Escuchaba mi propia voz y mi risa con un eco cercano, y las voces de los que se quedaron afuera, incluída mi niña hermosa en su burbuja, dolorosamente lejanas e incomprensibles. Y comenzó el intento por hacer algo con esos quince minutos para existir dentro de mi burbuja.

Fue emocionante y aleccionador. Toda una analogía. Los primeros pasos, como los de un bebé, totalmente infructuosos. Tratábamos de ponernos en pie sobre el agua, sólo para caer, voltereta de por medio, estruendosamente sobre el agua. Luego vino el dominio de la técnica del gateo... divertido, y desesperante al mismo tiempo. Poco a poco fuimos dominando el equilibrio y logramos dar algunos pasos torpes antes de volver a tropezar sobre nosotras mismas. Y finalmente, hasta corrimos un poco, sin perder nunca la elegancia de caer revolcadas sobre el agua protegidas por nuestras respectivas burbujas. 

Fue extenuante. Hubo un momento en que decidí parar, y me dejé llevar por la corriente, recostada cómodamente sobre la superficie del agua en mi burbuja. Se alcanzaban a ver las estrellas... y la luna creciente. Pensé entonces que no tenía porque correr ni levantarme de inmediato cada vez que tropezaba. Que sólo yo escuchaba mi propia voz, mis quejas, mis lamentos, mis risas, mis gritos de emoción cuando lograba dar algunos pasos... Cada uno de los burbunautas hacíamos lo propio. Todos nos sentíamos el mismísimo centro del universo, jurando que la multitud nos miraba cuando corríamos y, sobretodo, cuando tropezábamos. Pero en realidad, muy probablemente, muy pocos lo hacían. Y lo que era un hecho, es que entre nosotros, nos ignorábamos olímpicamente mientras librábamos nuestra propia batalla por dominar el singular vehículo. 
 
Tal como en la vida, ¿no? En la que cada uno vamos tratando de avanzar con nuestros propios recursos, en la fantasía de que nuestra batalla es la más importante, chocando entre nosotros, estorbándonos y hablando a viva voz sin escuchar al otro.... Suena triste, lo sé. Pero está también la otra parte. La del "darse cuenta" y tomar la decisión de detenerse, de hacer pausa, de disfrutar del paisaje y de las estrellas, de tomar el propio ritmo, de aprender las propias lecciones, de mirar a los otros y ceder el paso, de aceptar que incluso si no podemos ayudarnos unos a otros, sí podemos ser compasivos, cuidadosos de no atropellarnos, suficientemente amorosos con nosotros mismos como para aprender un poco con cada caída, hasta lograrlo: hasta lograr caminar con los propios medios, sin desesperación por seguir al rebaño, sino con la serenidad del aprendizaje personal, para unirnos a la orquesta de la música de las esferas, del equilibrio, de la armonía... 
 
Ayer vi lo que no había visto. Vi una burbuja que no se rompe, y pude vislumbrar que, por lo tanto, también habrá sueños que pueden tomarse  entre las manos sin quebrarse... y que hasta es posible que -con todo y la dificultad para llevarlos a cabo-, puedan disfrutarse de pie o de cabeza.
 

lunes, 21 de diciembre de 2009

Destino y libertad


Pues resulta que eso de la libertad es casi inexistente cuando se trata de construir el destino. Contrario a lo que yo pensaba y de lo que estaba convencida. Más allá de las variables que no dependen de nosotros, como en qué época nacer, en qué país, en qué familia, nacer hombre o mujer, nacer sano o con alguna enfermedad congénita... más allá de eso cuyo carácter fortuito puede prestarse a todo un debate, y dando por hecho que no tenemos la libertad para elegir ese contexto, también viene al caso cuestionarse la libertad que tenemos para movernos, decidir, reaccionar y actuar con respecto a las circunstancias que nos presenta la vida.

Los grandes filósofos coinciden: no podemos elegir las cartas del juego, pero sí podemos elegir cómo jugarlas. Pero pocas veces se entra en el debate de qué tan real es esta segunda libertad. El fin de semana, participé en un taller impartido por Spa del Alma, "Energía 2010", en el que el centro del debate fue justamente este. Ahí, comprendí un término que ya había escuchado pero en el que no había profundizado nunca: los introyectos. Estas creencias que asumimos como nuestras, aunque en realidad provienen de alguien más que las puso en nuestra mente. Los principales sembradores de introyectos son los padres y la mercadotécnia. Suelen reflejar necesidades de otros, no propias, pero que creemos que en realidad son nuestras.

Un ejemplo sencillo es el que dio nuestra instructora en el taller: "Las niñas bonitas no se ensucian". ¿Qué niña -bonita o no, eso no importa-, no escuchó esto en boca de su madre para evitar que jugara con lodo y se ensuciara? Probablemente la madre lo dijo para evitar que la ropa de la niña se manchara y ella tuviera más trabajo del que ya tenía encima. O tal vez lo dijo porque ella también lo escuchó de niña. El asunto es que hoy, una mujer adulta puede tomar decisiones pensando que lo hace libremente, y que en realidad provienen de una creencia insertada en su cabeza y no de sus propias convicciones. Las decisiones pueden ser tan simpes e inocuas como no sentarse a jugar con lodo con un hijo para no "ensuciarse", hasta más trascendentes como podría ser no atreverse a ser más lúdica en su sexualidad para no "ensuciarse".

Es un tema por demás interesante, que nos hace caer en cuenta de que a menudo vamos por la vida reaccionando a los estímulos de formas que en realidad no nos pertenecen, sino que provienen de alguien más que así nos los inculcó.

Pero la esperanza no está perdida. Todo lo contrario. En la medida en que hacemos conscientes nuestros introyectos, podemos desechar aquello con lo que en realidad no estamos de acuerdo, y comenzar a construir nuestras propias convicciones y creencias, en verdadera libertad.

En este momento de mi vida en el que sigo luchando por "soltar" lo que no fue, sé que debo revisar mis introyectos con respecto al divorcio, a crecer como hija de padres divorciados, a lo que es una familia, a lo que es el matrimonio... Tal vez no estoy actuando con la libertad que creo, tal vez si lo hiciera, sería menos doloroso... Tal vez.

No es fácil despedirse de la propia historia... toma demasiado tiempo... ¿se termina de verdad por decir adiós genuinamente?

lunes, 7 de diciembre de 2009

Amor compasivo


"Me atrevo ahora y me comprometo a tomar todos los riesgos necesarios para que se manifiesten completamente
todas mis cualidades."  

Es una hermosa afirmación que encontré ayer en un mandala hermoso de Sara Durand. Y me pareció tan poderosa...

"Todos los riesgos necesarios para manifestar todas mis cualidades". Habla justo del amor compasivo por el que preguntaba en mi última entrada. Implica ese amor incondicional que conlleva todos los riesgos, por el bien del otro, sin esperar nada. Requiere valentía, indudablemente. Requiere congruencia, para mantenerme ahí, en esa sintonía pase lo que pase. Implica la práctica diaria, el intento continuo, la intención poderosa, la motivación correcta. 

Qué reto más grande dejar que mis cualidades se manifiesten. Es más fácil ir por la vida equivocándome, reaccionando a los estímulos dolorosos a la defensiva, dejándome envolver por mis propios demonios y hundiéndome hasta el fondo del abismo. Es increíble... cuando lo digo así suena tan espantoso, que no me explico por qué es más sencillo hacerlo. Realizar lo contrario, actuar amorosamente, requiere un mayor esfuerzo, pero sin duda debe ser una experiencia mucho más liberadora. 

Es mi aspiración actual... ¡quiero que sea mi faro desde este momento!

Om mani padme hum.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Seguimos siendo niños

Tomo prestado el video que publicó mi prima Angélica en su blog de CNN, para reflexionar junto con ella sobre la importancia de la diversión en la vida cotidiana. Este video me fascinó. Qué poquito se necesita para sacarnos de la inercia que nos lleva día a día hacia la monotonía y los tonos grises en la vida... tan sólo unas notas musicales, un poco de color, una flor a media banqueta, un saludo inesperado, un cielo azul o unas nubes espectaculares, un viento refrescante, unos globos de colores pasando en la acera de enfrente, una pareja de viejos o de jóvenes enamorados, una sonrisa... cualquier sonrisa.



Los más sabios. los maestros, los iluminados, los que han encontrado la forma de sostener la paz interna lo dicen: ¡no hay que tomarnos tan en serio! La vida es un juego, un sueño, maya... La vida es para aprender, y la mejor forma de aprender es disfrutando.

Esta noche salí, con una querida amiga, a hacer ejercicio. El cielo estaba claro, estrellado, con una sonriente luna creciente atisbando desde las alturas. Hace un tiempo que no puedo correr. No he logrado curar la facitis plantar que me diagnosticaron desde que llegué a este hermoso lugar. Pero descubrí que la bici es un excelente ejercicio para mi, porque no me implica un impacto sobre los talones, que es lo que me mata. Así que, enfundé a mi hijo en una chamarra de franela, le puse su casco de ositos, me puse el mío estilo thundercat, y salimos muy aventureros a pasear bajo la noche...  Es lunes, se suponía que a esa hora yo estuviera dándole de cenar a los niños para acostarlos a dormir puntualmente. Pero la perspectiva de pedalear y mirar las estrellas, y de gozar de la rica charla típica de las sesiones de ejercicio entre amigas, me guiñó el ojo y no me resistí.

Qué rico es romper la rutina. Qué rico disfruar el aire fresco en mi cara mientras las llantas de la bici ruedan libres... se siente como volar, como ser niña de nuevo. Renato iba feliz, mirando los foquitos navideños que ya pusieron en muchas casas, tomando su leche en la mamila, y atesorando el recuerdo de una improbable noche de bicis para cuando haya que echar mano de recuerdos felices en el futuro... ¡nos divertimos!

Deberíamos hacerlo más seguido... ¡te invito!

viernes, 20 de noviembre de 2009

Para un hombre sonriente

Hace algunos días falleció un hombre al que conocí poco y de quien recibí mucho. Lo recuerdo sonriente, alegre, juguetón. Lo recuerdo fuerte, solidario, atento. Lo recuerdo pendiente de los suyos y de los ajenos. Lo recuerdo como un ser especial, luminoso, en paz.

Conversamos poco, nos vimos en contadas ocasiones, pero su sonrisa lo decía todo. Su sonrisa y ese ritmo pausado pero estable que tienen quienes cuidan de los demás sin descanso. Se fue sin dolor y en compañía; se fue de pronto para no hacer sufrir a quienes lo querían; se fue y dejó huellas amorosas hasta en mi, que apenas lo conocí y aprendí a apreciarlo.

La última vez que lo vi, hace 9 meses, le regalé un sombrero de plumas rosas para su disfraz de la Catrina. Se lo puso de inmediato y sonrío, como sonreía siempre, profundo, genuino, inocente, travieso. Yo lo miré y tuve ganas de conocerlo más para que jugáramos juntos, tuve ganas de tener más tiempo para conversar mirándole los ojos sinceros, tuve ganas de quererlo mucho aunque no tenía motivos. Y entendí lo mucho que todos lo querían. Me despedí de él sin saber a ciencia cierta si volveríamos a encontrarnos, pero deseando que así fuera.

Hoy sé que ese reencuentro no será posible en esta vida. Pero mi paso fugaz por sus dominios me lo dejó acomodado en el corazón y aquí lo guardo, para alimentar mi sonrisa en el camino.

Descansa en paz, Joel. Y que los tuyos encuentren la paz en tu recuerdo alegre.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lágrimas de asombro al cuadrado



Fue tan inesperado, que me ha costado horas acomodarlo en la cabeza para compartirlo aquí, contigo. Hace unos días, durante la junta escolar mensual en la escuela de mi hija mayor - en 4o. de primaria-, nos presentaron el material didáctico que utilizan para enseñarles a los niños a comprender de forma muy concreta lo que significa un binomio al cuadrado perfecto. En el sistema Montessori, las matemáticas son algo fundamental, que le da estructura al resto. De manera que el material que usan suele ser verdaderamente asombroso.

En algún momento de la vida "aprendí" que la fórmula de esta singular operación llamada binomio al cuadrado perfecto, era a2+2(ab)+b2. Lo aprendí de memoria, no sin antes preguntar por qué era esa la fórmula, cómo habían llegado a ella, y qué significaba. Por supuesto no obtuve respuestas. Pero no importó. Como me la aprendí de memoria, obtuve palomita en la respuesta y pude dar carpetazo para siempre al algebra en mi vida.

Y ahora llego, a mis 40 bien cumplidos, incauta y muy sonriente a enfrentarme de nuevo a este binomio. En esta ocasión, en el salón de mi hija y frente a todas las mamás de sus compañeritos. Y me lo ponen sobre las manos, con todo su peso y su color... con todo su significado, su forma, su sentido. Sí, frente a mi, a partir de una cuentita de color amarillo, vi cómo se fue conformando primero un cuadrado de 6 cuentitas por lado, luego un cubo de seis cuadrados, y frente a mis ojos cada vez más grandes de azoro, un hermoso y perfecto binomio al cuadrado perfecto, de madera tricolor, hecho de piezas macizas y pesadas... una belleza indescriptible. No pude contener las lágrimas (desde el cubo en adelante), y no sé explicar a ciencia cierta el por qué de mi llanto: un poco de asombro, un poco de angustia, un poco de añoranza por todas las cosas que no he comprendido a lo largo de la vida, otro poco de dolor por aquello de lo no aprendido para lo que ya no tendré oportunidad de reaprender, y un poco de alegría ante la maravilla de comprender, de ver materializarse frente a mi lo inasible, y entender... entender...

Nunca pensé que algún día lloraría por la belleza de las matemáticas. Créeme, nunca lo hubiera imaginado, y así fue. ¿Cuántas sorpresas más me tendrá reservada la vida?

lunes, 9 de noviembre de 2009

De las libertades

"La libertad no hace felices a los seres humanos.
Los hace, simplemente, humanos."
Manuel Azaña

"Subordino todos los demás valores, al valor de la libertad". Siguen resonándome estas palabras de Rosario Green, última embajadora de México en lo que fuera la República Democrática Alemana (RDA), cuando fue entrevistada en el noticiero de Radio UNAM, esta mañana. Contaba cómo vivió ella la tarde del jueves 9 de noviembre de 1989, en que cayó el Muro de Berlín. La noticia salió al aire en el noticiero de la radio durante los pocos minutos que le tomaba caminar de la Embajada a la Residencia. Así que cuando llegó a su casa, encontró a sus hijos saltando y celebrando la noticia que acababan de escuchar. Me encantó algo que dijo: "la gente de Alemania Oriental tenía mucha curiosidad de pasar al "otro lado" para ver si su calle se seguía llamando igual después de muro, para ver si la numeración continuaba... y los berlineses de Alemania Occidental los recibían con chocolates."

¡Cuántas imágenes tan emotivas se evocan de aquel día tan significativo en la historia contemporánea! Manifestantes golpeando el muro con picos ante los soldados que, sin órdenes de disparar los miraban impávidos; reencuentros de familiares después de 28 años; berlineses de un lado ayudando a trepar el muro a berlineses del otro lado; caras incrédulas, temerosas de creer que sea verdad, temerosas de creer que no lo sea; incertidumbre, miedo, emoción, esperanza.

Y es que no todo era tan claro. Por supuesto que la caída del muro implicaba libertad, y eso ya era para celebrarse, sin lugar a dudas. No obstante, también representó para muchos la caída de un sueño: de la utopía que ofrecía el socialismo, la lucha contra las desigualdades y la lucha de clases. Era una muestra clara de que el modelo se había desmoronado.

"Y sin embargo, viendo caer la muralla, uno como ser humano no podía más que alegrarse. El sentimiento predominante en esos días, fuera uno de izquierda o de derecha, era de alegría. Emocionaba ver a los jóvenes derrumbar el muro y abrazarse los de un lado con los del otro, con las lágrimas corriéndoles por las mejillas. El gesto aquel era tan razonable, tan profundamente trascendente la aspiración de romper las barreras que uno se daba cuenta de que el fenómeno superaba las ideologías y apuntaba a la realidad de que la libertad y las posibilidades humanas se resisten a los muros tanto de ideas, como de concreto o de púas."(1)

Poco tiempo después de que se abrieran las fronteras, pasé un año nuevo cruzando de una Alemania a la otra "libremente". Lo entrecomillo porque, si bien la libertad de tránsito ya estaba instaurada, mi libertad personal era precaria. Estaba donde no quería estar y con quien no quería estar, haciéndonos pasar a ambos un muy mal rato (¡perdón! 20 años después...) He cometido ese error muchas veces a lo largo de la vida. Como lo demostró la caída del muro, no es suficiente con derribar el concreto, como no lo es tampoco proclamarse a uno mismo libre para serlo de verdad. Hace falta construir la libertad: la externa, pero especialmente la interna.

El día de hoy, pues, celebro el vigésimo aniversario de la caída del muro -y los cuarenta años que llevo construyendo mi incipiente libertad, hoy menos precaria que hace veinte años, sin duda. Celebro la libertad y la posibilidad siempre latente de ejercerla en lo personal y doméstico, tanto como en lo público y social. Y lo celebro porque, en ello, es posible encontrar aunque sea un poquito de plenitud.

(1) Belli, Giocconda. "Lo que cayó con el muro". Consultado en su página web el 9 de noviembre de 2009.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Camino a casa

Imagen tomada de: Wikimedia Commons

Veo el Popo, y lo siento como si fuera un viejo amigo cuya presencia me provoca un vuelco al corazón. Siento como si me guiñara un ojo, como si me invitara, como si sonriera por mi cercanía. Me encanta. ¡Qué bueno que no vivo junto al Popo! porque dejaría de verlo, como se deja de ver un retrato, un adorno en una casa, o hasta una caja vacía y estorbosa en un pasillo. Qué bueno que lo veo de vez en cuando, porque de esta forma, cada vez que sucede me vuelve a robar el corazón.

En el espejo retrovisor divisé de pronto la ciudad con sus altos y modernos edificios y su paisaje tan urbano. De telón de fondo la Malinche envuelta en nubes. En el camino, alrededor, el campo. Campos sembrados y rebozantes. Vacas y campos amarillos. Campos de amaranto, del color de la alegría. Pueblos pequeños salpicados de casas azules, como de Brahmines. Y valles inventados, con sólo una salida al cielo. Nubes tan bajas que me acarician el pelo. Y una fila de eslabones para llamarte de nuevo.

De frente, mis volcanes. Los que siempre han sido míos, antes de nadie. El Popo y el Izta, majestuosos e invitantes. Dejándose ver, haciendo a un lado fumarolas y camas de nubes blancas para decirme Aquí estamos, aquí estás tú, aquí está lo que eres. Aquí está a donde vas.