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lunes, 13 de septiembre de 2010

Mi gato y mis ganas de cantar

Tengo un gato residente y como siete visitantes subrepticios. No sé si Timothy invita, o si es su apatía la que los deja pasar. Me sorprende cómo mira al desfile de mininos atragantarse con sus croquetas, cómodamente apoltronado en mi silla de ratán. Tal vez ya es un gato viejo, maduro y cansado -tiene unos 6 años-, o tal vez es un felino de carácter tibio. Quizás sea un poco cobarde, o tal vez se trate del efecto secundario de su esterilización. O probablemente sólo sea que él ya comió y no siente necesidad alguna de defender las sobras... ¡total!, cuando vuelva a tener hambre sólo tiene que maullar un rato junto a mi ventana.

Dicen que todo se parece a su dueño... y yo me pregunto, ¿será?

He de decir que, aunque a veces me siento agotada de mi rol de mamá en sus 40s, sigo teniendo suficiente energía para defender lo mío. Tibia, no es una palabra que usaría para autodefinirme. Aún no estoy esterilizada y de un tiempo para acá sé que soy valiente. En cuanto a sentirme satisfecha como para no tener necesidad de defender las sobras... ¡tampoco es mi caso! Por el contrario, suelo estar en una eterna búsqueda de aquello que me falta, de lo que todavía no alcanzo, de lo que aún quiero conquistar.

Finalmente está lo de maullar junto a una ventana. ¡Eso sí que me gustaría! Aunque sustituiría la palabra maullar por la palabra cantar. Y hacerlo junto a una ventana o caminando por el campo sería un detalle sin la más mínima importancia. ¡Cómo se me antoja tener esa bellísima capacidad de alzar la voz con armonía y entonar una canción para arrullar al alma!

En conclusión, creo que en este caso, la dueña no se parezca a su gato... Y es muy bueno que además tenga conciencia de ello, porque si creyera que sé cantar como él aúlla, no dejaría dormir a los vecinos con tanta serenata. Pero como sí lo sé, mejor les comparto el hermoso canto de alguien que sí canta bellísimo, con la canción con la que esta noche mantendría a mi vecindario con insomnio: El Caracol, interpretada por Susana Harp.


sábado, 26 de septiembre de 2009

Mi paz no es sólo ausencia de la guerra



¿En qué consiste la paz? No son fáciles las definiciones. Todo termina siendo subjetivo, así que podríamos decir que las definiciones, como todo lo demás, son cambiantes, impermanentes, inexactas. Especialmente las definiciones de aquello que está vivo. Y también de lo que no lo está. Finalmente las definiciones se hacen desde el punto de vista de alguien vivo, que percibe.

La paz, por ejemplo. Podría definirse por aquello que no es, como la ausencia de guerra o como un estado de ánimo apacible. Pero hoy, que me encuentro con el ánimo sosegado y no estoy en guerra, tengo ganas de encontrar definiciones personales para mi paz:

silencio cálido
ramas que se mecen
murmullo del agua
azul, verde, blanco
mantra
sonreír para adentro
campanitas de viento
luz de luna como aura
noche sin luna, estrellada
té verde con pétalos de rosa
la voz como de agua quieta de mi papá
la mirada luminosa del retrato de Alis
Renato dormido
el abrazo fortísimo de Sabi
un baño de tina a la vainilla
una mano amiga tomando la mía con firmeza
sentarme a escribir sin prisa
respirar profundo
sentir el correr de la sangre en mi cuerpo
las castañuelas de un caballo trotando parejito
una lluvia suave, casi niebla
las olas del mar, tan infinitas
el viento descubriendo mi cara
el momento justo en que concilio el sueño
la voz nostálgica del violonchelo
un camino de piedras mojadas por la lluvia
la quietud del horizonte
el regalo de la vida

Para el día de hoy tengo un deseo ferviente para ti: ¡Que la paz sea contigo! (aunque no sea domingo).