
Aún no hace frío... pero vendrá pronto. Por eso me gusta esta estación, me recuerda que hay que vivir ahora, en este instante, ahora que es evidente que mi corazón late, que aún poso mis ojos en un horizonte colorido, que escucho el crujir de las hojas, que siento a mi cabello danzar con este viento fresco.
También es un tiempo de transición. Los árboles dejan caer las hojas secas, sueltan lo que ya no sirve, se preparan para el silencio del invierno, necesario para renacer. Los pájaros lo notan, pronto habrá demasiada quietud y frío. Mejor emigran.
Y esa es mi sensación. Yo también quiero dejar caer lo que no ilumina mi vida, lo que ensombrece mi mirada, lo que no me sirve. Una limpieza del entorno, del espacio propio, y del alma se vuelve inminente, necesaria. He estado organizando armarios y sacudiéndome el corazón. Llegará el silencio, el invierno. Pero no tengo miedo. Ya sé que todo pasa. Hasta lo que parece eterno.
Bienvenido el otoño y su cosecha, su luna llena, y sus parvadas de aves surcando los cielos con rumbo al sol.