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miércoles, 30 de diciembre de 2009

La vida es una ola



Esta mañana ¡surfeamos! Sí, así como lo lees, jugamos con las olas en el mar, hasta el cansancio. Saltamos con ellas, las toreamos, nos zambullimos, y hasta las montamos sobre una tabla de fibra póxica color azul... "muuuy cool", dice mi hija.

Esta fue su tercera clase. Desde la primera logró ponerse de pie sobre la tabla de surfing, y avanzar hacia la orilla. Hoy se veía mucho más segura parada ahí arriba, deslizándose sobre la superficie del agua como si nada. Es una delicia.

Y, claro, ¡no pude quedarme con las ganas! Hoy fue mi primera clase de surfing. No logré ponerme de pie más de dos segundos, pero ya domino perfectamente todas las posibles formas de caerme de una tabla (!). Hay habilidades originales... ¿verdad? Lo que sí fue delicioso fue aprovechar la fuerza y velocidad de la ola para salir hasta la orilla abrazada a la tabla, o hincada sobre ella disfrutando del viento en mi cabello.... ¡Seguiré intentándolo! Pararme sobre una tabla y avanzar con las olas del mar nunca fue mi sueño. Pero hoy, que lo intenté, me volví fan del surfing... y seguiré persiguiendo las olas, ahora desde su cresta. ¡Qué maravilla! La vida nos ofrece tantísimas posibilidades...

Y justo eso pensaba... ya saben, en vez de relajarme, dejo que mi mente siga dando vueltas y encontrando analogías por todos lados. Mientras me revolcaba una ola y calculaba hacia dónde moverme para que no me fuera a caer la tabla encima, se me ocurrió que las olas eran como las crisis en la vida. Cuando la cosa se pone dura, tenemos dos opciones: dejarnos revolcar por la ola y tratar de salir lo menos ileso posible, o aprender a ponernos en pie sobre la tabla y tratar de salir lo menos ileso posible. Me gusta la idea de aprovechar la fuerza, la furia, el estruendoso impulso de la ola y salir con ella a la orilla con mucha más facilidad de lo que lo hubiéramos hecho a nado libre... Es decir, las olas pueden ser amenazantes, pero tienen el potencial de sacarnos de la tormenta salada si sabemos aprovecharlas... tal como las crisis en la vida.

Eso prefiero, eso quiero, aprender a surfear en la vida, aprender a crecer -no sólo a pesar de sus crisis, sino gracias a ellas también.

¡Qué viva el surfing, el viento que te impulsa, las olas con su belleza amenazante, y la posibilidad de aprovecharlas para salir del mar embravecido! E incluso, ¡gozarlo intensamente!

Si nos encontramos en estos días por alguna playa, no dudes en llamarme "surfeadora". Y si nos encontramos lejísimos del mar, tampoco tengas dudas: aún lejos del agua seguiré surfeando, cada día.....

martes, 29 de diciembre de 2009

Hope. Just for a change!


Ilustración de Trish Weill

Lista para recibir un año diferente: con esperanza (for a change!).

Algo bueno de la soledad, es que la esperanza tiene mayor fundamento. Lo que espero no depende de la voluntad ajena de un "otro", sino de mi misma.

Espero un año mejor, más libre de ataduras y lastres del pasado, en el que yo me ame más de lo que me he amado últimamente, más cercano a mis hijos, más activo física y espiritualmente, espero poner mi energía en mis proyectos -en lugar de en esperar nada de nadie-, espero seguir en paz conmigo misma, disfrutando de mi propia compañía...

Para ti, ¡también deseo un año lleno de ti mismo/a!

sábado, 26 de diciembre de 2009

Espirales

Hay espirales de nube
y de humo
por las que ruedo en picada
o al cénit
cuando camino dispersa
o con rumbo
hay espirales adentro
y afuera
como caminos de esfera
o de nudos
cantos de grave lamento
o agudos que cortan
y esta visión de montaña
o caverna
es espiral infinito
el destino
la libertad de correrlo
o mirarlo pasarte
es el sentido de estar
y de ser en centrífugos
duelos en serie.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Y sin embargo... se mueve: otra perspectiva de las burbujas

Y ya que estaba yo tan hecha a la idea de que las burbujas y los sueños se te rompen en las manos, que me encuentro con una burbuja que, no sólo no se me rompió en las manos, sino que me contuvo, me protegió, me dio una visión distinta de las cosas, me invitó a divertirme y a estar a solas conmigo, en paz.

Todo eso sucedió en una aventura inesperada que viví con Sabina la noche de ayer que se nos atravesó la oportunidad de hacer algo diferente. Sentadas en unas escaleras que daban a un "canal", con las manos cubriendo los oídos, esperamos pacientes a que el encargado de las burbujas terminara de inflar las nuestras con una aspiradora industrial. Conforme se iba inflando, me sentí aislada del mundo. Escuchaba mi propia voz y mi risa con un eco cercano, y las voces de los que se quedaron afuera, incluída mi niña hermosa en su burbuja, dolorosamente lejanas e incomprensibles. Y comenzó el intento por hacer algo con esos quince minutos para existir dentro de mi burbuja.

Fue emocionante y aleccionador. Toda una analogía. Los primeros pasos, como los de un bebé, totalmente infructuosos. Tratábamos de ponernos en pie sobre el agua, sólo para caer, voltereta de por medio, estruendosamente sobre el agua. Luego vino el dominio de la técnica del gateo... divertido, y desesperante al mismo tiempo. Poco a poco fuimos dominando el equilibrio y logramos dar algunos pasos torpes antes de volver a tropezar sobre nosotras mismas. Y finalmente, hasta corrimos un poco, sin perder nunca la elegancia de caer revolcadas sobre el agua protegidas por nuestras respectivas burbujas. 

Fue extenuante. Hubo un momento en que decidí parar, y me dejé llevar por la corriente, recostada cómodamente sobre la superficie del agua en mi burbuja. Se alcanzaban a ver las estrellas... y la luna creciente. Pensé entonces que no tenía porque correr ni levantarme de inmediato cada vez que tropezaba. Que sólo yo escuchaba mi propia voz, mis quejas, mis lamentos, mis risas, mis gritos de emoción cuando lograba dar algunos pasos... Cada uno de los burbunautas hacíamos lo propio. Todos nos sentíamos el mismísimo centro del universo, jurando que la multitud nos miraba cuando corríamos y, sobretodo, cuando tropezábamos. Pero en realidad, muy probablemente, muy pocos lo hacían. Y lo que era un hecho, es que entre nosotros, nos ignorábamos olímpicamente mientras librábamos nuestra propia batalla por dominar el singular vehículo. 
 
Tal como en la vida, ¿no? En la que cada uno vamos tratando de avanzar con nuestros propios recursos, en la fantasía de que nuestra batalla es la más importante, chocando entre nosotros, estorbándonos y hablando a viva voz sin escuchar al otro.... Suena triste, lo sé. Pero está también la otra parte. La del "darse cuenta" y tomar la decisión de detenerse, de hacer pausa, de disfrutar del paisaje y de las estrellas, de tomar el propio ritmo, de aprender las propias lecciones, de mirar a los otros y ceder el paso, de aceptar que incluso si no podemos ayudarnos unos a otros, sí podemos ser compasivos, cuidadosos de no atropellarnos, suficientemente amorosos con nosotros mismos como para aprender un poco con cada caída, hasta lograrlo: hasta lograr caminar con los propios medios, sin desesperación por seguir al rebaño, sino con la serenidad del aprendizaje personal, para unirnos a la orquesta de la música de las esferas, del equilibrio, de la armonía... 
 
Ayer vi lo que no había visto. Vi una burbuja que no se rompe, y pude vislumbrar que, por lo tanto, también habrá sueños que pueden tomarse  entre las manos sin quebrarse... y que hasta es posible que -con todo y la dificultad para llevarlos a cabo-, puedan disfrutarse de pie o de cabeza.
 

lunes, 21 de diciembre de 2009

Destino y libertad


Pues resulta que eso de la libertad es casi inexistente cuando se trata de construir el destino. Contrario a lo que yo pensaba y de lo que estaba convencida. Más allá de las variables que no dependen de nosotros, como en qué época nacer, en qué país, en qué familia, nacer hombre o mujer, nacer sano o con alguna enfermedad congénita... más allá de eso cuyo carácter fortuito puede prestarse a todo un debate, y dando por hecho que no tenemos la libertad para elegir ese contexto, también viene al caso cuestionarse la libertad que tenemos para movernos, decidir, reaccionar y actuar con respecto a las circunstancias que nos presenta la vida.

Los grandes filósofos coinciden: no podemos elegir las cartas del juego, pero sí podemos elegir cómo jugarlas. Pero pocas veces se entra en el debate de qué tan real es esta segunda libertad. El fin de semana, participé en un taller impartido por Spa del Alma, "Energía 2010", en el que el centro del debate fue justamente este. Ahí, comprendí un término que ya había escuchado pero en el que no había profundizado nunca: los introyectos. Estas creencias que asumimos como nuestras, aunque en realidad provienen de alguien más que las puso en nuestra mente. Los principales sembradores de introyectos son los padres y la mercadotécnia. Suelen reflejar necesidades de otros, no propias, pero que creemos que en realidad son nuestras.

Un ejemplo sencillo es el que dio nuestra instructora en el taller: "Las niñas bonitas no se ensucian". ¿Qué niña -bonita o no, eso no importa-, no escuchó esto en boca de su madre para evitar que jugara con lodo y se ensuciara? Probablemente la madre lo dijo para evitar que la ropa de la niña se manchara y ella tuviera más trabajo del que ya tenía encima. O tal vez lo dijo porque ella también lo escuchó de niña. El asunto es que hoy, una mujer adulta puede tomar decisiones pensando que lo hace libremente, y que en realidad provienen de una creencia insertada en su cabeza y no de sus propias convicciones. Las decisiones pueden ser tan simpes e inocuas como no sentarse a jugar con lodo con un hijo para no "ensuciarse", hasta más trascendentes como podría ser no atreverse a ser más lúdica en su sexualidad para no "ensuciarse".

Es un tema por demás interesante, que nos hace caer en cuenta de que a menudo vamos por la vida reaccionando a los estímulos de formas que en realidad no nos pertenecen, sino que provienen de alguien más que así nos los inculcó.

Pero la esperanza no está perdida. Todo lo contrario. En la medida en que hacemos conscientes nuestros introyectos, podemos desechar aquello con lo que en realidad no estamos de acuerdo, y comenzar a construir nuestras propias convicciones y creencias, en verdadera libertad.

En este momento de mi vida en el que sigo luchando por "soltar" lo que no fue, sé que debo revisar mis introyectos con respecto al divorcio, a crecer como hija de padres divorciados, a lo que es una familia, a lo que es el matrimonio... Tal vez no estoy actuando con la libertad que creo, tal vez si lo hiciera, sería menos doloroso... Tal vez.

No es fácil despedirse de la propia historia... toma demasiado tiempo... ¿se termina de verdad por decir adiós genuinamente?

lunes, 14 de diciembre de 2009

Burbujas


Burbuja. ¿Qué te evoca esta palabra? Burbuja... suavidad, perfección, belleza, libertad, esfera, vuelo, transparencia, inasible, sueño, impermanencia, espejismo, instante, inexistencia... Así siento hoy que son los sueños... como burbujas. A veces, increíblemente, es posible tocarlos, pero entonces se revientan y desaparecen para siempre. Queda el recuerdo, eso sí. Más perfecto incluso que la burbuja que tocamos y dejó de ser.

Y sin embargo, me siguen fascinando y sigo estirando los brazos para tocarlas, aunque sea por un momento de magia fugaz. Ultimamente también me gusta sólo mirarlas, ahí, suspendidas en el aire, cayendo poco a poco, hasta reventar frente a mis ojos, sin sorpresa... pero con el mismo dolor.

No quiero nunca renunciar a su belleza, pero estoy aprendiendo a renunciar al anhelo de quedármelas entre las manos...

lunes, 7 de diciembre de 2009

Amor compasivo


"Me atrevo ahora y me comprometo a tomar todos los riesgos necesarios para que se manifiesten completamente
todas mis cualidades."  

Es una hermosa afirmación que encontré ayer en un mandala hermoso de Sara Durand. Y me pareció tan poderosa...

"Todos los riesgos necesarios para manifestar todas mis cualidades". Habla justo del amor compasivo por el que preguntaba en mi última entrada. Implica ese amor incondicional que conlleva todos los riesgos, por el bien del otro, sin esperar nada. Requiere valentía, indudablemente. Requiere congruencia, para mantenerme ahí, en esa sintonía pase lo que pase. Implica la práctica diaria, el intento continuo, la intención poderosa, la motivación correcta. 

Qué reto más grande dejar que mis cualidades se manifiesten. Es más fácil ir por la vida equivocándome, reaccionando a los estímulos dolorosos a la defensiva, dejándome envolver por mis propios demonios y hundiéndome hasta el fondo del abismo. Es increíble... cuando lo digo así suena tan espantoso, que no me explico por qué es más sencillo hacerlo. Realizar lo contrario, actuar amorosamente, requiere un mayor esfuerzo, pero sin duda debe ser una experiencia mucho más liberadora. 

Es mi aspiración actual... ¡quiero que sea mi faro desde este momento!

Om mani padme hum.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Anhelo tu felicidad, anhelo la mía.


¿Dónde está el amor compasivo del que hablan los budistas? ¿Tendremos acceso a él desde esta experiencia humana tan llena de sombras? ¿Habrá que hacerse santo para poder vivirlo? ¿Cómo aplico a mi realidad ese deseo de bienestar para el otro incluso cuando ese bienestar implica dolor para mi? Deseo de verdad encontrar una respuesta dentro mío porque, en mi experiencia, todos los demás tipos de amor son falaces y causan más dolor que plenitud. 

jueves, 3 de diciembre de 2009

Paradojas vitales


A veces llueve cuando no es verano, hace calor en el otoño, sale una flor en plena nieve o hay vendavales cuando es apenas primavera. A veces miras el atardecer más bello en el día más lluvioso. A veces sonríes llorando. A veces lloras a carcajadas. 

La vida es así. Llena de matices imposibles. De sorprendentes incongruencias y contradicciones. De maravillosa imperfección.

Gracias, por las paradojas y por el asombro.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Seguimos siendo niños

Tomo prestado el video que publicó mi prima Angélica en su blog de CNN, para reflexionar junto con ella sobre la importancia de la diversión en la vida cotidiana. Este video me fascinó. Qué poquito se necesita para sacarnos de la inercia que nos lleva día a día hacia la monotonía y los tonos grises en la vida... tan sólo unas notas musicales, un poco de color, una flor a media banqueta, un saludo inesperado, un cielo azul o unas nubes espectaculares, un viento refrescante, unos globos de colores pasando en la acera de enfrente, una pareja de viejos o de jóvenes enamorados, una sonrisa... cualquier sonrisa.



Los más sabios. los maestros, los iluminados, los que han encontrado la forma de sostener la paz interna lo dicen: ¡no hay que tomarnos tan en serio! La vida es un juego, un sueño, maya... La vida es para aprender, y la mejor forma de aprender es disfrutando.

Esta noche salí, con una querida amiga, a hacer ejercicio. El cielo estaba claro, estrellado, con una sonriente luna creciente atisbando desde las alturas. Hace un tiempo que no puedo correr. No he logrado curar la facitis plantar que me diagnosticaron desde que llegué a este hermoso lugar. Pero descubrí que la bici es un excelente ejercicio para mi, porque no me implica un impacto sobre los talones, que es lo que me mata. Así que, enfundé a mi hijo en una chamarra de franela, le puse su casco de ositos, me puse el mío estilo thundercat, y salimos muy aventureros a pasear bajo la noche...  Es lunes, se suponía que a esa hora yo estuviera dándole de cenar a los niños para acostarlos a dormir puntualmente. Pero la perspectiva de pedalear y mirar las estrellas, y de gozar de la rica charla típica de las sesiones de ejercicio entre amigas, me guiñó el ojo y no me resistí.

Qué rico es romper la rutina. Qué rico disfruar el aire fresco en mi cara mientras las llantas de la bici ruedan libres... se siente como volar, como ser niña de nuevo. Renato iba feliz, mirando los foquitos navideños que ya pusieron en muchas casas, tomando su leche en la mamila, y atesorando el recuerdo de una improbable noche de bicis para cuando haya que echar mano de recuerdos felices en el futuro... ¡nos divertimos!

Deberíamos hacerlo más seguido... ¡te invito!

viernes, 20 de noviembre de 2009

Para un hombre sonriente

Hace algunos días falleció un hombre al que conocí poco y de quien recibí mucho. Lo recuerdo sonriente, alegre, juguetón. Lo recuerdo fuerte, solidario, atento. Lo recuerdo pendiente de los suyos y de los ajenos. Lo recuerdo como un ser especial, luminoso, en paz.

Conversamos poco, nos vimos en contadas ocasiones, pero su sonrisa lo decía todo. Su sonrisa y ese ritmo pausado pero estable que tienen quienes cuidan de los demás sin descanso. Se fue sin dolor y en compañía; se fue de pronto para no hacer sufrir a quienes lo querían; se fue y dejó huellas amorosas hasta en mi, que apenas lo conocí y aprendí a apreciarlo.

La última vez que lo vi, hace 9 meses, le regalé un sombrero de plumas rosas para su disfraz de la Catrina. Se lo puso de inmediato y sonrío, como sonreía siempre, profundo, genuino, inocente, travieso. Yo lo miré y tuve ganas de conocerlo más para que jugáramos juntos, tuve ganas de tener más tiempo para conversar mirándole los ojos sinceros, tuve ganas de quererlo mucho aunque no tenía motivos. Y entendí lo mucho que todos lo querían. Me despedí de él sin saber a ciencia cierta si volveríamos a encontrarnos, pero deseando que así fuera.

Hoy sé que ese reencuentro no será posible en esta vida. Pero mi paso fugaz por sus dominios me lo dejó acomodado en el corazón y aquí lo guardo, para alimentar mi sonrisa en el camino.

Descansa en paz, Joel. Y que los tuyos encuentren la paz en tu recuerdo alegre.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lágrimas de asombro al cuadrado



Fue tan inesperado, que me ha costado horas acomodarlo en la cabeza para compartirlo aquí, contigo. Hace unos días, durante la junta escolar mensual en la escuela de mi hija mayor - en 4o. de primaria-, nos presentaron el material didáctico que utilizan para enseñarles a los niños a comprender de forma muy concreta lo que significa un binomio al cuadrado perfecto. En el sistema Montessori, las matemáticas son algo fundamental, que le da estructura al resto. De manera que el material que usan suele ser verdaderamente asombroso.

En algún momento de la vida "aprendí" que la fórmula de esta singular operación llamada binomio al cuadrado perfecto, era a2+2(ab)+b2. Lo aprendí de memoria, no sin antes preguntar por qué era esa la fórmula, cómo habían llegado a ella, y qué significaba. Por supuesto no obtuve respuestas. Pero no importó. Como me la aprendí de memoria, obtuve palomita en la respuesta y pude dar carpetazo para siempre al algebra en mi vida.

Y ahora llego, a mis 40 bien cumplidos, incauta y muy sonriente a enfrentarme de nuevo a este binomio. En esta ocasión, en el salón de mi hija y frente a todas las mamás de sus compañeritos. Y me lo ponen sobre las manos, con todo su peso y su color... con todo su significado, su forma, su sentido. Sí, frente a mi, a partir de una cuentita de color amarillo, vi cómo se fue conformando primero un cuadrado de 6 cuentitas por lado, luego un cubo de seis cuadrados, y frente a mis ojos cada vez más grandes de azoro, un hermoso y perfecto binomio al cuadrado perfecto, de madera tricolor, hecho de piezas macizas y pesadas... una belleza indescriptible. No pude contener las lágrimas (desde el cubo en adelante), y no sé explicar a ciencia cierta el por qué de mi llanto: un poco de asombro, un poco de angustia, un poco de añoranza por todas las cosas que no he comprendido a lo largo de la vida, otro poco de dolor por aquello de lo no aprendido para lo que ya no tendré oportunidad de reaprender, y un poco de alegría ante la maravilla de comprender, de ver materializarse frente a mi lo inasible, y entender... entender...

Nunca pensé que algún día lloraría por la belleza de las matemáticas. Créeme, nunca lo hubiera imaginado, y así fue. ¿Cuántas sorpresas más me tendrá reservada la vida?

martes, 10 de noviembre de 2009

Queremos más de Eve y de la Dama Oscura

La clara sensación de ser un alien en un planeta extraño (como decía mi tarjeta de identidad "Alien Card") no me abandonó durante los tres años que viví en Japón. Así era de diferente todo: costumbres, valores, ademanes, buenos modales, demostraciones de afecto e infinidad de detalles más. Y sin embargo, a casi diez años de mi regreso a México, leo esta novela de Eve Gil que me remite a mi tiempo en Tokio, ¡y me pone nostálgica!

La novela se desarrolla principalmente en México. La protagonista, sin embargo, crece rodeada de un ambiente japonés tan bien logrado, que me costaba trabajo recordar que, de hecho, estaban en México.

La sensación de estar leyendo una historieta manga era muy clara. No soy una experta en el género, ni mucho menos, pero mientras lo leía, podía imaginar perfecto a los personajes tipo los dibujos animados nipones que veía en la televisión cuando era niña. La estructura también me remitía a una historieta.

Sho-shan y la Dama oscura es una historia intensa que atrapa desde la primera página. Tiene elementos de misterio y de aventura, y gira en torno a valores tales como la lealtad, el amor de la familia, el perdón y la aceptación de las diferencias. Es una novela dolorosa porque nos refleja el grado de violencia existente en nuestra sociedad, en especial hacia las personas diferentes, en forma de xenofobia y de discriminación.

Es una novela divertida, que encuentra el humor en los momentos más inesperados. Es interesante porque nos lleva de la mano a un mundo con el que estamos poco familiarizados: el género del Animé japonés. Es crudamente realista al retratar la impunidad, la injusticia y el tráfico de influencias en México. Es conmovedora porque también retrata el enorme valor de la unión, la confianza y el amor incondicional que puede existir en una familia.

Sho-shan fue escrita pensando en lectores jóvenes, pero también en los padres de estos lectores jóvenes. Yo no la solté hasta terminarla. Y no llevaba ni el primer capítulo cuando mi hija ya me estaba correteando para que la terminara. Ahora, es ella quien no me dirige la palabra (¡ni se la dirige, por fortuna, a la televisión!), pues está muy ocupada con la Dama Oscura.

Sho-shan es entrañable. La acabas en un trís, pero no quieres que termine. Quieres saber qué va a pasar, pero también que seguirá pasando. Con esta novela, Eve queda en deuda con nosotros, ¡porque queremos más!

Visita Sho-shan to Fujin Kuroi para ver más reseñas sobre esta obra. Y ayúdame con "votos" para que Eve no cierre su blog All about la Eve , que es una bitácora más personal, justo ahora, que su novela está despegando como si tuviera propulsor con fuerza para llegar a la luna.

lunes, 9 de noviembre de 2009

De las libertades

"La libertad no hace felices a los seres humanos.
Los hace, simplemente, humanos."
Manuel Azaña

"Subordino todos los demás valores, al valor de la libertad". Siguen resonándome estas palabras de Rosario Green, última embajadora de México en lo que fuera la República Democrática Alemana (RDA), cuando fue entrevistada en el noticiero de Radio UNAM, esta mañana. Contaba cómo vivió ella la tarde del jueves 9 de noviembre de 1989, en que cayó el Muro de Berlín. La noticia salió al aire en el noticiero de la radio durante los pocos minutos que le tomaba caminar de la Embajada a la Residencia. Así que cuando llegó a su casa, encontró a sus hijos saltando y celebrando la noticia que acababan de escuchar. Me encantó algo que dijo: "la gente de Alemania Oriental tenía mucha curiosidad de pasar al "otro lado" para ver si su calle se seguía llamando igual después de muro, para ver si la numeración continuaba... y los berlineses de Alemania Occidental los recibían con chocolates."

¡Cuántas imágenes tan emotivas se evocan de aquel día tan significativo en la historia contemporánea! Manifestantes golpeando el muro con picos ante los soldados que, sin órdenes de disparar los miraban impávidos; reencuentros de familiares después de 28 años; berlineses de un lado ayudando a trepar el muro a berlineses del otro lado; caras incrédulas, temerosas de creer que sea verdad, temerosas de creer que no lo sea; incertidumbre, miedo, emoción, esperanza.

Y es que no todo era tan claro. Por supuesto que la caída del muro implicaba libertad, y eso ya era para celebrarse, sin lugar a dudas. No obstante, también representó para muchos la caída de un sueño: de la utopía que ofrecía el socialismo, la lucha contra las desigualdades y la lucha de clases. Era una muestra clara de que el modelo se había desmoronado.

"Y sin embargo, viendo caer la muralla, uno como ser humano no podía más que alegrarse. El sentimiento predominante en esos días, fuera uno de izquierda o de derecha, era de alegría. Emocionaba ver a los jóvenes derrumbar el muro y abrazarse los de un lado con los del otro, con las lágrimas corriéndoles por las mejillas. El gesto aquel era tan razonable, tan profundamente trascendente la aspiración de romper las barreras que uno se daba cuenta de que el fenómeno superaba las ideologías y apuntaba a la realidad de que la libertad y las posibilidades humanas se resisten a los muros tanto de ideas, como de concreto o de púas."(1)

Poco tiempo después de que se abrieran las fronteras, pasé un año nuevo cruzando de una Alemania a la otra "libremente". Lo entrecomillo porque, si bien la libertad de tránsito ya estaba instaurada, mi libertad personal era precaria. Estaba donde no quería estar y con quien no quería estar, haciéndonos pasar a ambos un muy mal rato (¡perdón! 20 años después...) He cometido ese error muchas veces a lo largo de la vida. Como lo demostró la caída del muro, no es suficiente con derribar el concreto, como no lo es tampoco proclamarse a uno mismo libre para serlo de verdad. Hace falta construir la libertad: la externa, pero especialmente la interna.

El día de hoy, pues, celebro el vigésimo aniversario de la caída del muro -y los cuarenta años que llevo construyendo mi incipiente libertad, hoy menos precaria que hace veinte años, sin duda. Celebro la libertad y la posibilidad siempre latente de ejercerla en lo personal y doméstico, tanto como en lo público y social. Y lo celebro porque, en ello, es posible encontrar aunque sea un poquito de plenitud.

(1) Belli, Giocconda. "Lo que cayó con el muro". Consultado en su página web el 9 de noviembre de 2009.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

De jolgorios y velorios: mañana 8 pm


El canto a la muerte, suele ser, un canto a la vida que privilegia el recuerdo y se niega al olvido. Las coplas y la música dedicadas a la muerte están y siempre estarán, más vivas que nunca.

Fernando Híjar Sánchez

Es difícil imaginar que cantemos las mismas canciones en un velorio que en un jolgorio. Bueno, es difícil imaginarlo para quienes no son mexicanos. Para nosotros, no lo es tanto. La celebración también tiene su espacio en la muerte en este país, por paradójico que parezca. Ahí tenemos toda la tradición del Día de Muertos con su enorme colorido, sus aromas que estimulan el apetito al tiempo que invitan a los ancestros a venir por su platillo favorito. O los que estimulan el alma, como el copal o el incienso cubriéndo altares y panteones. Somos tan eclécticos, tan inevitablemente coloridos y folclóricos, que siempre resulta un deleite vivirse como mexicano. Yo lo celebro, en especial cuando llega la hora de las tradiciones. ¡Me encantan! Y creo que ésta que acabamos de pasar, es de mis favoritas. Con todo y lo nostálgica que me pueda poner, siempre se cuela una sonrisa mía en el altar. ¡Así es esto de inverosimil y maravilloso!

Una clara muestra de ello es la más reciente producción de Susana Harp. En compañía de la Orquesta Sinfónica del IPN, presentarán mañana, jueves 5 de noviembre, una selección de canciones mexicanas que se tocan con tanta algarabía como dolor, en los velorios y en los jolgorios. Si estás en la Ciudad de México, ¡no te la pierdas! El espectáculo será de recordarse: imagina la combinación de lo imponente de la orquesta con lo dulce de la voz de esta cantante oaxaqueña... ¡No me lo pierdo!

Presentación de De Jolgorios y Velorios
Donceles 36, Centro Histórico
México, D.F.

Los independientes: Salamandra


El trabajo editorial independiente es heróico. Lo sé de primera mano, y cuando lo veo hecho realidad y éxito en otras manos, ¡lo congratulo profundamente!  Ese es el caso de Salamandra, una publicación independiente dedicada a la cultura y la divulgación de la literatura, con una mirada fresca y atrevida. (Además, en este número, tengo el privilegio de haber sido invitada!)

No dejen de visitarlos: www.revistasalamandra.es.tl

lunes, 2 de noviembre de 2009

Camino a casa

Imagen tomada de: Wikimedia Commons

Veo el Popo, y lo siento como si fuera un viejo amigo cuya presencia me provoca un vuelco al corazón. Siento como si me guiñara un ojo, como si me invitara, como si sonriera por mi cercanía. Me encanta. ¡Qué bueno que no vivo junto al Popo! porque dejaría de verlo, como se deja de ver un retrato, un adorno en una casa, o hasta una caja vacía y estorbosa en un pasillo. Qué bueno que lo veo de vez en cuando, porque de esta forma, cada vez que sucede me vuelve a robar el corazón.

En el espejo retrovisor divisé de pronto la ciudad con sus altos y modernos edificios y su paisaje tan urbano. De telón de fondo la Malinche envuelta en nubes. En el camino, alrededor, el campo. Campos sembrados y rebozantes. Vacas y campos amarillos. Campos de amaranto, del color de la alegría. Pueblos pequeños salpicados de casas azules, como de Brahmines. Y valles inventados, con sólo una salida al cielo. Nubes tan bajas que me acarician el pelo. Y una fila de eslabones para llamarte de nuevo.

De frente, mis volcanes. Los que siempre han sido míos, antes de nadie. El Popo y el Izta, majestuosos e invitantes. Dejándose ver, haciendo a un lado fumarolas y camas de nubes blancas para decirme Aquí estamos, aquí estás tú, aquí está lo que eres. Aquí está a donde vas.

Nostalgia y pan de muerto


En especial, para Alis

Hoy es el mero día de muertos. El cielo estuvo azul intenso toda la tarde, el viento frío. Anocheció con luna casi llena, algunas nubes. Ya empiezan a llegar, allá a lo lejos, las tormentas. Se escuchan truenos en la lejanía. Se parece al sonido del mar embravecido rompiendo sus olas en un acantilado. Suenan cíclicos y poderosos.

Hoy no tengo ganas de escribir una Calaverita. Sólo tengo ganas de guardar silencio y de pensar en ti, que ya no estás aquí, a mi lado. Me gusta esta idea de que hoy vendrás, guíada por la luz inquieta de las veladoras que alumbran nuestro altar. Tomarás lo que he preparado para ti, compartirás mi mesa, te sentirás en casa y volverás a aquel otro hogar al que te fuiste para siempre.

Me hace gracia pensar que, con todo lo que habrás "vivido" desde que moriste, una rebanada de pan de muerto o un tarro de cerveza te motiven a emprender el viaje de regreso hasta aquí, tu antigua morada. Pero me parece maravilloso que así sea.

Me da nostalgia mirar tu foto, ver esa risa que ya no escucharé, sentir esa mirada que ya no me mira más. Extiendo mi mano y con la yema de los dedos acaricio tu rostro que se siente frío y suave, como la textura del papel fotográfico. Sonrío... a veces las sonrisas también pueden ser tristes.

Hoy deberíamos jugar a que no te fuiste para siempre, que tenemos un día de "tiempo fuera" para volver a celebrar. De eso se trata también nuestro Día de Muertos, de reirse con la Catrina y jugar a que no nos da miedo, ni pesar. Pero hoy no tengo ganas de jugar, ni de reirme de la Flaca. Hoy, sólo quisiera mirar tus ojos vivos, sentir tu abrazo cálido, infinito, acurrucarme en ti y decirte cuánto te quiero, mamita.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Pizarrón del Día de Muertos


¿Y ahora?, ¿qué poner en el altar de muertos? Los invitados de siempre ya están confirmados. Colocamos en distintos marcos y portaretratos las fotografías de la abuela, los bisabuelos y los amigos de la familia que partieron de este mundo y a quienes, año con año, consentimos con su comida y bebida favoritos. ¿Cómo olvidar el pan dulce para Gelita, el chinguirito para Doña Tere, el Carlos V para el abuelo Lalo, el mole poblano para nuestro orgullo familiar histórico, David el Dorado de Villa. Ni por error dejamos de poner la chela para Alis... mucho me advirtió que si no le dejaba su cerveza me vendría a jalar las patas, y aunque mi razón me dice que eso no sucede, ¡no quiero correr riesgos! 

Ya está la fruta, las flores, el agua, la sal. Las veladoras, el rosario y el incienso. También colocamos algunos objetos de valor sentimental para nuestros muertitos y un novedoso pizarrón donde hemos anotado, anfitriones y quien quiera que pasa por aquí, aquellas emociones o condiciones destructivas que queremos dar por muertas, que ya no queremos en nuestra vida: sedentarismo, dolor, ansiedad, desidia, rigidez extrema, indecisión (algún optimista trató de matar también las deudas con hacienda. ¡Buen intento!).

Hace un año puse entre mis "muertos" al miedo, la depresión, la resignación, la inmovilidad, la dependencia y el control. Cuando saqué mi caja de cosas para el altar, la semana pasada, y me encontré con la hoja de papel en la que estaban escritas esas palabras, no pude menos que sonreír. Hoy, no estoy poniendo los mismos, y eso me hace sentir feliz. 

Y ¿tú? ¿qué "muertitos" anotarías en mi pizarrón del altar? Destierra de tu vida lo que ya no quieras contigo, y dejémosle flores este Día de Muertos.

Aquí viene la Catrina
tan garbosa y elegante
vino desde la cantina
muy alegre, cante y cante.

"Un pajarito me dijo
que enterraste a la tristeza,
eso sí lo veo canijo
y me llena de pereza.

¿Qué pasó con esas depres
que te hacían brillar los ojos?
Ahora me enseñas los dientes
¡y te veo los labios rojos!"

"Se me fue lejos el llanto"
contestó Lilyán airosa,
"ha de ser el amaranto
que me como por golosa"

"¿Amaranto de alegría?
Ya decía yo que hacías trampa,
pero esta noche es la mía
¡voy a cambiar esa estampa!"

"Pero ¿qué te pasa, Flaca?
¿por qué quieres que esté triste?
¿no ves que tengo una hamaca,
flores, vino y hasta alpiste?

Este año me puse lista
y decidí estar entera
tal vez p'al otro te asista
y me vuelva plañidera.

Pero por esta ocasión,
Parquita chula y hermosa
yo voy a bailar danzón
y a pintar mi vida en rosa."


martes, 27 de octubre de 2009

Miradas furtivas

Poemas de otros a lo Benedetti 

De Mariana para Aurelio

Te nombro y se encienden mis labios

Me miras y siento una espada surcando mi cuerpo

Sonríe mi boca a tu boca

Después huyen raudos mis pasos

Y el corazón queda en pausa infinita

Hasta el próximo encuentro

En que vuelvo a ignorarte.

sábado, 24 de octubre de 2009

Dónde la cera escarlata

Lo nombro y se enciende
como un corazón de medusa en mi pecho
latiendo latidos de sueños y memorias vagas
racimo de besos dejados aquí en un descuido
barriendo silencios colgados con pinzas quebradas
haciéndo maldades de marea alta a mi estanque de espejo
¿dónde estará el sello viejo de inicial dorada?
¿dónde clausura con cera escarlata inviolable el pasar de los ciclos?
¿dónde se acalla la luz que renace sin tregua?
¿dónde se extingue sin más un trivial para siempre?

martes, 20 de octubre de 2009

Qué manera

Qué manera de pasar por mi vida
como viento hecho ráfaga
como estrella que atraviesa
corriendo el universo
como hojita de otoño
que se quiebra al caer
como agua de río
que no para su cauce
como lágrima muerta
que ya se evaporó.
Que manera de pasar por mi vida
como si no hubieras estado nunca.

lunes, 19 de octubre de 2009

Se cayó la luna, se calló la luna

Esta noche se cayó la luna
luna estrellada de misterios
se cayó del cielo
se calló en el alma
luna apagada de secretos
me cayó en las manos
me calló el anhelo
luna tan clara de mis sueños
que cayó en mi vientre
y me calló el murmullo
luna embestida por luceros
se cayó en mis miedos
calló mis suspiros
luna enredada en mis poemas
se cayó menguante
me calló tan plena.

Escúchalo en voz de la autora.
Enciende tus bocinas y haz click en la flecha.

jueves, 15 de octubre de 2009

Feliz cumpleaños

                              Para Miamigo
Porque un amigo es otro yo

Hay noches tan estrelladas
que es imposible no brindar por ellas
especialmente
cuando esas noches son tus noches
o las noches de otro tú
otro tú con diferentes ojos
con distintas manos
y color de piel
pero con el mismo aroma
a poesía en el alma
y la misma marea alta
en el corazón
Así que hoy brindo por ella
la noche
y por mi
que eres tú
o por ti
que soy yo

Vivir el aire

El viento que yo habito
es tiempo sosegado
medallón de aire antiguo
con un rostro laqueado
nubes volando alto
como techos plateados
serenidad de espejo
de tres siglos pasados
pasos hechos susurros
y viento que ha cesado

Salve

Salve tu nombre
salve
tu nombre que me nombra

hojarasca de otoño
sarmiento ya podado
flor dormida y en ciernes
sinsentido anhelado
laberinto que hiere
miel de maple el resabio

Salve tu nombre
salve
tu nombre que me nombra.

Belleza

Leonardo Nierman (Ave del paraíso)

Pincelada de altivez
tu índigo cénit
flamas de sol en ascenso
de corona viva
espigada tu virtud
de ave sin alas
y también 
sin paraíso

Paradojas

Noche
ilumíname
con tu soledad
de cascabeles

Silencio
arrúllame
con tu muralla
de resplandores

Sueño
despiértame
con tu caricia
de realidades

Tiempo
devuélveme
con tu infinito
a la quietud.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Deudora

Estoy más presente que nunca
habitándome en cada rincón
como nunca antes había estado, 
en mi.

Estaré así tanto tiempo
como le tome a mi piel
ser de barro o de madera
que no se evapore 
por falta de sí

De mis pies saldrán raíces
como las de los amates
que parecen invadir el río
pero no se van con las mareas
ni cuando el lecho se vuelve
grieta silente que hace eco.

No estaré en ninguna parte 
más que en mi
y desde ahí me sentiré, por fin
capaz de amar.

Es un regalo para mi
y sigo en deuda.

martes, 13 de octubre de 2009

Desnúdate



Dice Alberto Ruy Sánchez sobre la desnudez: "El desnudo es una de las múltiples vestimentas que podemos llevar: hay gente que puede estar desnuda y parece que está vestida y existen personas que, con ropajes encima, parece que caminaran sin ellos."* 

La desnudez para mi es libertad. Desnudarse el cuerpo es sencillo. Basta deslizar los dedos por los tirantes, los botones o los cierres; basta dejar caer una toalla, una bata, o dejar caer la voluntad y la sonrisa. Desnudar el alma, en cambio, requiere un mayor esfuerzo. He descubierto que me gusta desnudar el cuerpo sólo cuando desnudo el alma. Y he descubierto que desnudarme de ambas formas frente a mi misma, es la libertad más grande, es el vuelo que mejor sostengo, es vivir habitándome completa.

Desnúdate de cuerpo si tú quieres, o no lo hagas nunca. Cada quien sus gustos. Pero del alma, ¡no dejes de hacerlo! Desnúdate del alma para tocar el cielo.

Te mando un canto de grillos

Por las veladas sin sombra
por las sombras desveladas
por las caricias sin nombre
por el nombre que acaricio
por las miradas atadas
por desatar las miradas
por todo el tiempo y los años
por los años a destiempo
porque me gustan los grillos
e imagino que te gustan

lunes, 12 de octubre de 2009

Se trata de volar

Si sólo se tratara de volar

ya habría volado

pero se trata de sostener el vuelo

de abrir las alas y asir el viento

de inventar con cada aleteo

senderos en el aire

veredas transparente que perduren

se trata de abrir las alas

y entregarse al cielo

creer en su silencio

en su azul de nitrógeno

que es el de soñar despierto

se trata de abrir las alas

y habitar cada horizonte

como si no hubiera más que eso

lejanía certera, inamovible

se trata de volar

como si no hubiera habido nunca

otra posibilidad

sino batir las alas

o caer en el barril sin fondo

para siempre.

 

martes, 6 de octubre de 2009

El gerundio de vivir

"Mundos etéreos" 
El arte abstracto de Chris Parks evoca un movimiento continuo que me transporta al "gerundio" de vivir.  

Hace unos días un amable lector anónimo me escribió para decirme que extrañaba mi viejo blog, Los cuarenta  y sus alrededores, porque en este  nuevo blog se quedaba con la sensación de querer más. Entonces caí en cuenta de que tiene razón. A este blog le faltó un leitmotiv de arranque. Era mi necesidad dar por terminado el ciclo personal que comenzó con Los cuarenta, pero también es mi necesidad continuar escribiendo una bitácora personal, así que el día de hoy amanecí pensando en el para qué de Aquí viviendo.

Así es mi momento, tan transitorio como el tiempo, como el gerundio de "viviendo", como la vida misma, ahora entiendo. Así son los momentos que conforman la vida, intensamente inciertos, emocionantes por su innumerable abanico de posibilidades, abiertos como el cielo, vacíos en el sentido positivo, en el sentido de que es posible llenarlos de cualquier significado, el que elijamos con el invaluable regalo del libre albedrío. Así me siento en estos tiempos en que mi vida y sus nuevas circunstancias comienzan a asentarse... no sé si se asentarán un  día o si mantendré mucho tiempo esta sensación -novedosamente grata- de vivir cayendo -¿o elevándome?- en el abismo de existir día a día, hora a hora, minuto a minuto...  Por eso Aquí viviendo, con su carácter casual, sin determinismo histórico, sin caminos dados ni destinos fijos... Me sorprende, pero lo estoy disfrutando.

Decidí llenar esta bitácora con distintas facetas de mi ejercicio cotidiano de escribir. Seguirán, por supuesto, las reflexiones internas que comparto porque al hacerlo me aclaro, habrá también poesía de vez en cuando, o prosa poética cuando los dedos sobre el teclado tomen ese rumbo placentero, y ¡cómo no!, habrá pasos atrás como en eltango, y contradicciones, todas las que poseo y difícilmente disimulo. Habrá de todo, en un experimento personal de flexibilidad y desapego. De confianza en la experiencia de vivir y de aprender, de estar y de ser  a cada instante yo, con las menos máscaras posibles incluso frente a mi propio espejo... ¡todo un reto!

Así pues, ¿en qué cree -y a qué aspira- Lilyán en este otoño del 2009?

En el amor en todas sus formas
En la autenticidad
En la compasión, en el sentido budista del "buen corazón"
En la integridad
En la intuición
En la tolerancia
En la paz

Concluyendo, mi leitmotiv será vivir en gerundio (como en Aquí viviendo) con el objetivo de cultivar las convicciones que hoy por hoy quiero que sean eje de mi vida. Hasta hoy, cada vez que logro vivirlas aunque sea por efímeros instantes, el resultado es una sonrisa en mi corazón. 

Estás cordialmente invitado a mi experimento de vivir viviendo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La belleza ineludible



Mi asombro es infinito, como la belleza en todas partes. Basta fijarse... Esta tarde, de regreso de Puebla me acompañó un paisaje de esos que quitan el aliento. Se transformó con la discreta, casi imperceptible, entrada de la noche. Primero fue el crepúsculo rodeando al Popocatépetl. Luego, la luna iluminando su silueta con todo y fumarola, ya rodeado de estrellas. Y cada instante era tan hermoso como el anterior y el próximo. Estaba tan absorta mirándolo de reojo, que hasta me perdí, ¡y eso que el camino era derecho, derecho! 

Esos volcanes -El Popo y el Izta- nunca son los de siempre... No puedo evitarlo, aunque han sido mi paisaje desde los 8 años, los veo y me vuelven a sorprender cada día. Es imposible no quedar absorto en el paisaje cada vez que aparecen.  Recuerdo un invierno en Cholula por ahí del 92, en que hizo mucho frío y la nieve llegaba hasta las faldas de este par de personajes orográficos. Todo mundo subimos a la iglesia sobre la pirámide de Cholula a tomar fotos espectaculares. Pero también ahora que se me aparecen de sorpresa en los días claros, desde mi camino favorito rumbo a Yautepec, manejando por entre cañaverales, a lo lejos y con el preámbulo increíble de la cordillera tepozteca, vuelven a hacerme suspirar... ¡no tengo remedio! Le concedo toda la razón a Isabel y a Prudencia Migoya en Ninguna eternidad como la mía, de Angeles Mastreta:

Parecen eternos -dijo tras una hora de contemplar los volcanes en silencio.
Son lo más cercano a la eternidad que conocemos -dijo Prudencia -. Ni tus lágrimas van a durar tanto.
Ni mis lágrimas -aceptó Isabel. Había dejado de llorar hacía una hora -.
Espero que ningún desamor sea tan largo. Pero mi breve paso por el cielo, ese sí duró tantísimo. Tengo a estos volcanes de testigos. Ninguna eternidad como la mía.


Siempre me ha gustado viajar por carretera para mirar por la ventana la belleza del camino -siempre se encuentran paisajes que admirar-, pero ahora hasta los paisajes cercanos me conmueven... Nunca había apreciado con tanta emoción un cielo nublado y amenazante, ni el campo extensísimo, verde y monótonamente hermoso.  No sé por qué no me había fijado antes, pero ya no importa. Hoy me fijo, me embeleso, lloro de emoción y me distraigo ¡aunque me pierda, no me lo pierdo por nada! 

Un haiku, para mi paisaje favorito del día de hoy. Amo al Popocatépetl. Hasta el nombre, ¡es divino!, ¿no?

 Tu crepúsculo
gigante coronado
me embriaga el alma

martes, 29 de septiembre de 2009

Sonrisa y luz


De nuevo esa imagen tan recurrente y, sin embargo, tan hermosa. Esta noche, como coronando el cénit de mi casa, estaba la luna, casi media y un brillante luminoso junto a ella. Como el lunar junto a la boca de Cielito Lindo. Y, ya sabemos como es eso de ver lo que queremos ver en todo. Hasta hace poco tiempo, el satélite y el astro me evocaban un par de amantes. Hoy, me vi a mi misma: sonrisa de luna, lunar de luz. Me gustó la evocación. La sonrisa y la luz en medio de esa solitaria inmensidad. Hay, por supuesto, millones de otras estrellas, pero esta noche no se ven.

Me gusta mi luna sonrisa, me gusta la noche y esta luminosa sensación de ser un lunar estelar.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Mi paz no es sólo ausencia de la guerra



¿En qué consiste la paz? No son fáciles las definiciones. Todo termina siendo subjetivo, así que podríamos decir que las definiciones, como todo lo demás, son cambiantes, impermanentes, inexactas. Especialmente las definiciones de aquello que está vivo. Y también de lo que no lo está. Finalmente las definiciones se hacen desde el punto de vista de alguien vivo, que percibe.

La paz, por ejemplo. Podría definirse por aquello que no es, como la ausencia de guerra o como un estado de ánimo apacible. Pero hoy, que me encuentro con el ánimo sosegado y no estoy en guerra, tengo ganas de encontrar definiciones personales para mi paz:

silencio cálido
ramas que se mecen
murmullo del agua
azul, verde, blanco
mantra
sonreír para adentro
campanitas de viento
luz de luna como aura
noche sin luna, estrellada
té verde con pétalos de rosa
la voz como de agua quieta de mi papá
la mirada luminosa del retrato de Alis
Renato dormido
el abrazo fortísimo de Sabi
un baño de tina a la vainilla
una mano amiga tomando la mía con firmeza
sentarme a escribir sin prisa
respirar profundo
sentir el correr de la sangre en mi cuerpo
las castañuelas de un caballo trotando parejito
una lluvia suave, casi niebla
las olas del mar, tan infinitas
el viento descubriendo mi cara
el momento justo en que concilio el sueño
la voz nostálgica del violonchelo
un camino de piedras mojadas por la lluvia
la quietud del horizonte
el regalo de la vida

Para el día de hoy tengo un deseo ferviente para ti: ¡Que la paz sea contigo! (aunque no sea domingo).

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Día gris, corazón soleado


¡Ay, qué bien me siento hoy! El día es gris y mi corazón está soleado; llueve y el agua hace danzar el pasto de mi jardín; me gusta mi vida aunque mi cuenta bancaria esté en números rojos; Renato tiene gripa y ayer se cayó a la alberca y me sacó un sustazo, pero hoy amaneció sonriente, feliz... ¡vivo!  Mi Sabina es hermosa con su look desarrapado y su amorosísima manera de ser hermana de un escuincle encantador y "mulilla", como Su Majestad Renato; comí atún de lata aderezado con jugo de un limón de mi arbolito.... ¡wow!, ¿no? 

Siento aquí, junto a mi, tanto amor de la gente a la que yo también amo, que realmente creo que no necesito pedir nada más... Bueno, sí, me encantaría tener aún muchos años por vivir.

Gracias, a ti que lees estas líneas, por estar en mi vida.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Un big bang en la mirada


Imagina dos mares que se juntan de pronto, en la más inesperada de las coordenadas de este mundo. El choque de mareas, de ritmos y vaivenes, de temperaturas, de densidades, faunas y floras debe ser confuso. Pero eventualmente lo logran: sincronizan su impredecibilidad y se vuelven un solo cuerpo de agua, se reconocen, resuenan como notas afinadas y esos dos universos comienzan a danzar un imposible tango al infinito. 

Así nos pasa a los seres humanos con cada nuevo encuentro de pieles, de labios, de manos, o hasta de miradas... cada vez que tropezamos por primera vez o por enésima con otro, dos eternidades colisionan y comienza de nuevo la creación. Somos un bing en potencia, o un bang latente. Pero para ser big bang, hacen falta por lo menos dos.

¡Qué milagros colosales se generan con tan sólo dos presencias!

viernes, 11 de septiembre de 2009

¿En cuántas cajas cabe tu vida?



Minimalismo

(Calco del ingl. minimal art). 1. m. Corriente artística que utiliza elementos mínimos y básicos, como colores puros, formas geométricas simples, tejidos naturales, lenguaje sencillo, etc. (RAE)


En su ámbito más general, es referido a cualquier cosa que se haya desnudado a lo esencial, despojada de elementos sobrantes, o que proporciona solo un esbozo de su estructura, y minimalismo es la tendencia a reducir a lo esencial. Se aplica también a los grupos o individuos que practican el ascetismo y que reducen sus pertenencias físicas y necesidades al mínimo, es también el significado a simplificar todo a lo mínimo y generar un "corto circuito" en el receptor de la obra. (Wikipedia)



En los últimos años nos hemos familiarizado con la palabra "minimalista", principalmente a partir de la arquitectura. Al escucharla nos vienen a la mente imágenes de revistas de decoración, en las que se publican espectaculares propiedades que van desde mansiones churriguerescas, hasta lofts neoyorquinos que parecerían inhabitados por tan pocos objetos que contienen. Estos últimos son los ambientes minimalistas.

Sin duda, son hermosos, armónicos, ordenados, limpísimos. Pero yo siempre me he preguntado, ¿en dónde guardan esas personas sus toallas femeninas, sus zapatos o el tostador? Porque me cuesta trabajo pensar que realmente no poseen más que lo indispensable... aunque sucede. Conozco personas que podrían empacar su casa en diez cajas, o monjes budistas que sólo poseen lo que les cabe en un morral.

Se antoja, ¿verdad? Ni duda cabe que, en la sociedad de consumo en que vivimos, estamos acostumbrados a acumular más de lo que necesitamos. Haciendo un ejercicio de conciencia, podríamos reducir fácilmente la ropa que tenemos colgada en el armario a la mitad, sin sentirnos despojados. De todas formas, gran parte del ajuar con que contamos no lo usamos nunca. ¿O no parecemos retratos con los mismos pantalones cada fin de semana? 

El hábito de revisar y deshacerse de lo que ya no se usa, lo mantienen como una tradición en Japón. Lo hacen cada vez que entra la primavera y sacan todo de armarios y cajoneras para empezar un nuevo ciclo. Y me parece que es una excelente costumbre... No estamos en primavera, pero no estaría de más llevarlo a cabo cada cambio de estación, y ya pronto llegaremos a la transición hacia el otoño. ¿Por qué no hacer una limpieza? Y no sólo del clóset, sino también del corazón y de la mente.

Deshagámonos de esos zapatos que parecen nuevos y que nunca usamos porque nos sacan ampollas; donemos a un bazar o a personas que lo necesiten la ropa que ya no nos queda y que hemos conservado durante dos años con la esperanza de volver a ser tres tallas menos. Limpiemos también el corazón de apegos tan dañinos, de rencores guardados, de amores imposibles. Y, lo más difícil, deshagámonos de una vez por todas del tan inútil ruido de la mente; de esos pensamientos negativos que destruyen; de los juicios constantes hacia los demás y hacia nosotros mismos; del hubiera y del fue, para aprender de una vez por todas a vivir el presente.

¿Te imaginas la de cajas que necesitaríamos para cumplir este propósito loable? Especialmente para lo que se refiere al corazón y a la mente, me parece que haría falta una mudanza más grande que la que vi hoy en el noticiero anunciando que la casa de Michael Jackson había sido vaciada de todas sus posesiones. No tengo idea de en qué otra casa cabrán tantos objetos... habría sido interesante convertirla mejor en un museo. Una estrella como él, tiene esa posibilidad. Nosotros, sin embargo, no tendremos salas de exhibición para todo lo que acumulemos. Lo cargamos por la vida sin sentido y como lastre...

No me imagino convirtiéndome en minimalista... pero sí, definitivamente, anhelo tener muchas menos cajas - de cartón y también de imperceptibles guerras personales-, la próxima vez que me mude de casa.

Y tu vida ¿en cuántas cajas te cabe?

No quiero treguas

Apareces de nuevo

Después de tantos años

La leyenda viviente

Convertido en mortal

Que no envejece.

 

Es una tentación muy grande

Dejarme acompañar

Por tus palabras graves

Permitirle a tu voz

Acariciarme

Escapar con tus versos

De mi bosque.

 

Hoy te miro a los ojos

Tan serenos

Y conlcuyo que no.

No voy a establecer tormentas

Ni ventiscas que coarten el sosiego

Al tiempo que me impiden

Terminar con mi guerra que ya escampa.

 

No quiero treguas

Sino armisticios contundentes

Para mi corazón.

Como si no te hubiera conocido nunca

Porque amar hace más fuerte el corazón

 

Pensé en hacer como si no te hubiera conocido nunca

Pero no tiene caso.

Tu sonrisa me hará sentir feliz

Hasta el final de todos los oleajes

porque el amor que te di

Reconstruyó mi forma de existir volando.

 

Ya soy de nuevo yo

De tanto amarte.

Hoy tengo pies con alas

Y una vez más

Sonrío y camino a solas.

 

Con brújulas doradas en los labios

Me miro en el espejo y me descubro entera,

Va desde ahí la fuerza de mis alas

Para que todas tus metáforas cantadas

Tus Itacas, Ulises y Odiseos

Te permitan llegar hasta esa tierra

En que la luz de tu narval de jade

Sea siempre profunda, transparente

Verdadera.

martes, 8 de septiembre de 2009

¡Están vivos!

¡Cuánta generosidad nos enseña la naturaleza! Soy una mujer muy citadina que se ha resistido por años a entrar en contacto directo con Ella, pese a lo hermosa que se ve en cuadros, fotografías y películas (¡especialmente porque no te pican los mosquitos!). Y sin embargo, por lo que se ve, llegó mi hora. 

Recientemente me mudé de una de las ciudades más grandes del mundo, a uno de los pueblos más chicos de mi país. Y aunque tengo el privilegio de vivir en una zona habitacional bien urbanizada, cómoda y segura, estoy, necesariamente, mucho más en contacto con la vida al aire libre, el campo, el lodo y los insectos de lo que he estado normalmente. Y envidio el privilegio de quienes viven -y lo disfrutan- verdaderamente inmersos en el campo con toda su riqueza de experiencias y sensaciones.

Ayer, por ejemplo, ayudé a mi papá a cosechar carambolos de sus hermosísimos árboles. Debemos haber estado cortando fruta durante unas dos horas. Llenamos algo así como 20 bolsas de tela de esas que venden en los supermercados para no utilizar bolsas de plástico. Todas las bolsas tenían carambolos por madurarse o maduros y en buen estado. El pasto bajo las copas de los árboles quedó lleno de carambolos picados por los pájaros y ya medio podridos. El árbol siguió ostentando, con gran garbo, gigantes racimos de esa belleza amarilla en la parte más alta a la que no pudimos llegar ni trepándonos al tronco.

El día dehoy, mi casa está rebozante de montañas de estrellas amarillas en todo tipo de fruteros, ensaladeras ¡y hasta cubetas! Ayer repartimos entre amigos y familia nuestro tesoro y ya comenzamos a buscar recetas para hacer cosas con carambolo porque no hay manera de comerlos todos antes de que se echen a perder. 

Qué sensación tan especial la de tomar el fruto del árbol ¡y morderlo! Jugoso, dulce... vivo. Se siente vivo. Esa ha sido mi experiencia cada vez que he tenido la fortuna de cosechar fruta de algún árbol. La primera vez, fue en Japón. Había huertos a los que la gente iba de fin de semana a manera de paseo. Al entrar, te daban una canasta para cosechar. Al salir, pesaban tu fruta y te la cobraban mucho más barata que en el súper. Cosechamos de esa forma blueberries, duraznos, nashis y tangerinas. Y como me sucedió ayer, morderlos era como comer algo vivo todavía... Suena canibalesco, pero en realidad es una sensación como de comunión, de integración con esto de lo que somos parte aunque a veces, inmersos en nuestras fortalezas de concreto que se extienden por kilómetros, lo olvidamos.

Está viva la fruta, el árbol, la tierra en donde echó raíces, los insectos revoloteando alrededor del colorido y aromático objeto de deseo... Está vivo el planeta más allá de uno mismo. Mmmm... es como volver a recordar que el ser humano no es el centro del universo, aunque a menudo nos convenzamos de lo contrario.

La tarde de ayer, mientras miraba a Renato morder un carambolo más grande que su carita, me emocioné mucho de que él tenga estas experiencias desde tan pequeño... él tendrá conciencia de la vida que vibra a su alrededor mucho antes de lo que lo supe yo... ¡qué afortunado!