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jueves, 15 de diciembre de 2011

Mirar lejos


A menudo cuando viajo, cuando simplemente salgo de mi pueblo (qué lindo suena eso de "mi pueblo"), me asombra poder mirar lejos. Y no hablo sólo de esta sensación de libertad que me provocan los horizontes amplios de las carreteras, o los valles infinitos que se ven desde lo alto de las montañas. Hablo también de lo lejos que se mira cuando te asomas a ojos normalmente lejanos, poseedores de miradas que nos son ajenas y nos abren universos nuevos.
Viajé a Australia en busca de la mirada de las mujeres aborígenes... no he tenido aún oportunidad de compartir con ninguna de ellas, y mi único acercamiento ha sido a través de la hermosa exposición sobre su cultura en el Museo Australiano de Sydney. Pero me ha sorprendido sobremanera encontrarme con las miradas de una enorme diversidad de mujeres que conforman este país mosaico. Las chinas de mirada baja, las vietnamitas que miran y confrontan; los ojos inmensos y dulces de las indias, las miradas azules y abiertas de las australianas de origen británico, y las miradas profundas y poderosas de las aborigenes. Cada uno de estos caminos que encuentro en esos ojos, me muestran una Australia diferente, distintas maneras de vivir un país generoso en el que logran convivir tantas culturas.
No es difícil sentirse en casa aquí; no es fácil decir quién es de aquí, quién está de paso, quién acaba de llegar. Sólo nos distinguimos los turistas con nuestro mapa en la mano, nuestra cámara trabajando a marchas forzadas y nuestra expresión de asombro frente a la Opera o frente a los murciélagos gigantes volando sobre nuestras cabezas en el parque. Pero hay familias de todos los rincones del planeta viviendo y conviviendo en este lejano continente que parece un paraíso gigantesco.
Hoy es nuestro último día en Sydney. Bromeamos con que ya nos sentimos Sydneños ahora que ya no nos perdemos para llegar a nuestro departamento, ahora que le entendimos al tren y que hasta metimos los pies al agua helada de la playa más cercana. Realmente ha sido una estancia interesante que combina los paisajes urbanos, con el mar, con el bosque (the bush!). Desde nuestro cuarto piso tenemos vistas lejanas de la ciudad; desde nuestros ojos llenos de asombro miramos más lejos aún: hasta las profundidades de los que somos, de lo que no somos, y de todo lo que tenemos en común con quienes caminan cotidianamente este lado del mundo en el que hoy nosotros vamos con el mapa en la mano y el corazón abierto.

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